Vacaciones en Barcelona

Una escapada después de una separación

Después de mi separación lo que más me apetecía era viajar, alejarme de mi entorno que me traía los recuerdos de los años vividos con mi ex-pareja. En plena pandemia no era un buen momento de para viajes al extranjero… Y por otro lado la separación me había dejado tiritando económicamente…

Buscando ofertas encontré una oportunidad en Barcelona, con visitas guiadas y todo organizado. Perfecto, no me apetecía pensar qué hacer y además Barcelona, era una ciudad que desconocía y me atraía mucho.

Es cierto que había viajado a Barcelona con anterioridad pero por motivos de trabajo y realmente desconocía la ciudad, ya que las visitas en su mayoría, eran reuniones de aeropuerto o en hoteles a las afueras.

Avisé en el trabajo que me cogía unos días y a la hora y día indicado estaba en el aeropuerto.

Viaje a Barcelona

Allí nos recibió Marc, de la agencia de viajes y tras reunir a todo el grupo nos dio una serie de instrucciones. En Barcelona nos esperaba Dara, nuestra guía y acompañante en Roma. Echando un vistazo al grupo me temí que el viaje sería de lo más aburrido. Yo era de largo el mas joven (40 años) y el resto eran parejas o grupos de señoras mayores, de 65 años como mínimo… apasionante!

Pensé que me había equivocado, pero ya no podía hacer nada. Nos llevaron a la puerta de embarque y entramos en el avión. Miraba a un lado y a otro y prácticamente todo lo que veía era grupos de gente similar. Afortunadamente las azafatas no eran jubiladas. Qué panorama, por Dios!

Comenzaba a entrar en depresión, no tanto por mi separación como por el muermo de viaje que me esperaba. Durante el viaje me puse unos auriculares y logré aislarme del asilo que llevábamos a bordo. No me los quité en todo el viaje hasta que avisaron de que llegábamos aaeropuerto de destino en Barcelona.

Dara, la guia lo mejor del viaje

El jaleo de jubilados al llegar ni os cuento. Y creo que gracias a mí logramos saber por dónde salir y donde buscar a Dara, que era la guía que nos esperaba en Barcelona. Creo que era el único que recordaba las instrucciones que nos dieron en Barajas al salir.

Tuve que ayudar a una pareja mayor a recoger su maleta ya que era pesada (¿cómo la habrían cargado al facturarla?). Ya por fin, haciendo yo de guía improvisado, llevé al grupo hacia la salida donde a lo lejos vi a una mujer rubia, de pelo liso y alta con un cartel en el que aparecía el nombre de la agencia de viajes con la que viajábamos y nos acercamos a ella.

– ¿Dara? -pregunté.

– Si, ¿sois del viaje «Todo Barcelona» de la agencia «Viajes Marco Polo»? -me preguntó.

– Si, y creo que te traigo a todo el grupo -respondí-, les vengo guiando.

Atracción creciente por Dara

Era guapa, con rasgos muy femeninos. Unos pechos generosos y unas curvas marcadas, aunque con la cadera no muy ancha. De altura sería aproximadamente como yo, de 1.70, aunque llevaba unos zapatos con un tacón de 4 o 5 centímetros.

Esperamos a que todo el grupo se arremolinase alrededor de ella. Cuando, a ojo, vio que estábamos todos repasó una lista de nombres a los que los viajeros iban levantando la mano o diciendo «presente». El último de la lista era yo. Estábamos todos, menos mal.

– Benvinguts a Barcelona -dijo Dara en catalán-, yo voy a ser su guía en estos días que visiten esta maravillosa ciudad -continuó cambiando a castellano.

Tras unas breves explicaciones la seguimos hacia el autobús que nos esperaba para llevarnos al hotel. Ya de camino al hotel por la megafonía nos fue contando lo que había planificado en el viaje, los horarios que debíamos seguir, a qué horas nos recogerían y este tipo de cosas. Llegamos por fin a un pequeño hotel, más bien un hostal grande, cerca de Plaza España.

A punto para la aventura en Barcelona

Por mi parte, aparte de traer poco equipaje no creí necesario que me tuvieran que ayudar, así que dirigiéndome a ella le comenté que yo me llevaba ya mi equipaje. Subí a mi habitación y me di una ducha. Revisé redes sociales y demás y sin darme cuenta se me pasó casi la hora. Bajé al lobby del hotel que estaba repleto con el resto de viajeros.

Al poco rato llego un bus a la puerta y bajó Dara. Fueron todos subiendo al bus y yo me reservé un asiento cerca de ella para ir trasladándola alguna de las preguntas que me habían hecho. Durante el tour, que duró aproximadamente una hora, Dara iba contando sobre lo que se veía al paso del autobús.

Mi atracción por Dara iba en aumento

Me estaba encantando su acento y como se expresaba. Por fin llegamos frente a un restaurante en el cual íbamos a cenar. Bajamos todos y nos dirigimos a la puerta. Yo iba charlando con Dara por lo que me senté a su lado para cenar. La verdad es que para mí era agradable poder charlar con alguien más joven. Suponía que estaría en torno a los 25 años, e igualmente para ella, supongo que, acostumbrada a viajes de jubilados, hablar con alguien de 40 le resultaría más agradable. Es decir, conectamos bien.

Tras la cena tomamos de nuevo el autobús para volver al hotel hasta el día siguiente. Antes de llegar pregunté a Dara donde podría ir, cerca del hotel, para tomar una copa antes de dormir. Me comentó que por Plaza España no sabía de nada, pero me indico algún sitio por el centro.

– ¿Pero es sólo una copa o buscas otro tipo de ambiente? -me preguntó guiñando un ojo.

Primeros flirteos con una travesti

– Jajaja -dije riendo-, no, solo una copa que vengo un poco cansado.

Llegamos al hotel y fueron bajando todos los mayores. Yo me quedé el último y al despedirme de ella la pregunté si la apetecía tomar una copa conmigo. Se excusó diciendo que se tenía que ir con el autobús. Así pues, pregunté en la recepción como ir a uno de los sitios que me había comentado que estaba relativamente cerca. Fui y me senté en una tarraza a tomarme una copa y me volví al hotel a dormir.

A las 8 del día siguiente estábamos en la puerta del hotel ya desayunados para esperar al autobús. Dara ya estaba allí esperando también y estaba preciosa. Llevaba una falda suelta hasta la rodilla y una chaqueta azul y bajo esta una blusa blanca, el pelo suelto y sensiblemente más maquillada que el día anterior. En resumen, estaba guapa.

Mientras iban subiendo mis compañeros de viaje al autobús estuve comentándola alguna de las preguntas que me habían hecho a mi otros compañeros y de camino fue respondiendo sus dudas por la megafonía del bus.

Una proposición intencionada

Durante todas las explicaciones no me despegaba de Dara, y no sólo por lo que explicaba. Terminamos el tour y nos dirigimos a un restaurante que ya estaba reservado. Había un menú donde elegir. Yo me puse en manos de Dara para que me recomendase.

– Esto es comida para turistas -me dijo en voz baja-, así que lo que más te apetezca.

– Pues esta noche para cenar te invito a un restaurante que tú elijas y que no sea de turistas -me atreví a decirla.

Me dirigió una sonrisa, pero no me dijo que no… algo es algo. Tras la comida el autobús, que estaba en la puerta del restaurante, nos llevó al Born y nos indicaron que como era tarde libre teníamos hasta las 7 de la tarde para dar un paseo por las calles. Fioretta esperaría donde nos había dejado el autobús por si alguien se perdía. A mi la verdad es que lo que me apetecía era quedarme con ella charlando y conseguir sacarla el compromiso de cenar conmigo, pero di un paseo por la zona y me perdí en las callejuelas

Por fin llego el momento esperado

Volví pronto hacia donde se había quedado Dara y la encontré sentada en la terraza de una heladería bastante típica y estuve un rato charlando a solas con ella. Me comentaba otros lugares cercanos para ver por la zona y tiendas, aunque ya los visitaríamos. Poco a poco fueron llegando los compañeros de viajes comiendo helados y cargados con bolsas de recuerdos. Apareció el autobús y volvimos al hotel. Fioretta explicó el plan para el día siguiente y a la hora que habría que bajar para cenar en el mismo hotel. Yo esperé a que se alejaran los últimos para preguntarla:

– Que hay de lo de cenar en un restaurante? – Dame una media hora y me esperas aquí fuera -me contesto.

Entramos al hotel y ella se dirigió a la recepción. Yo subí a darme una ducha rápida y a cambiarme de ropa. Bajé y ella ya estaba esperándome tras haber acomodado en el restaurante del hotel a los integrantes del tour. Llamamos a un taxi y nos dirigimos a una zona de la ciudad más nueva donde había un pequeño restaurante. Pagó el taxi y me dijo:

– Pero la cena invitas tú, eh! – Si, claro -respondí con una sonrisa-, será un placer.

Una buena cena y una mejor compañía

Entramos y nos dieron una mesa en la que estábamos bastante juntos. Pidió ella por los dos y estuvimos degustando los platos en medio de una agradable conversación. Aún así, algo me estaba diciendo que Dara no era una mujer biológica. No es que me preocupase, ya que en mis años jóvenes había estado con alguna transexual y había podido disfrutar del tercer sexo, y quizás por eso lo detectaba, pero trataba de comprobar si era así o sólo era mi impresión. Aunque fuera así, también me atraía.

La conversación derivó en temas más íntimos y tras la cena, la cual pagué como habíamos quedado, dijo que me invitaba ella a una copa. Fuimos andando a un local no muy lejano que había música. Comenzamos a bailar y yo me pegaba todo lo posible a ella, que no rehuía y también a veces pasaba su mano por mi culo.

Una agradable sorpresa

Yo me iba calentando hasta que llegó un momento en el que estábamos más apartados en el que la agarré de la cintura y la besé. Ella tomó esto como una invitación para manosearme el trasero y a veces comprobar que tenía la polla bastante dura. Yo no me corté y llevé mi mano a su entrepierna y sí, ahí estaba su polla también poniéndose dura. No solo no quité la mano sino que le masajeé la polla un rato, lo que pareció animarla.

– Uhh! Que sorpresa más agradable -le dije.

– Vamos a mi casa? – me dijo al oído.

Una explosión de pasión

Salimos del local casi corriendo y cogimos un taxi que nos llevó a su casa, a un barrio nuevo de la ciudad más a las afueras. Subimos a su casa y nada más entrar se despojó de la chaqueta que llevaba y la blusa. Yo me entretenía sobando sus tetas al tiempo que ella me desabrochaba el pantalón. Sin apenas darme cuenta mi polla estaba en su boca. Me empujó contra la pared y comenzó a mamarme la polla casi con ansia.

– Ohh, Dara, que rico -dije mientras la cogía de la cabeza y marcaba el ritmo de su mamada.

Al rato dejó mi polla y de la mano me llevó a su dormitorio. Se desnudó por completo y yo hice lo mismo. Estaba muy buena y tenía una polla tan grande como la mía, y eso que nunca he tenido quejas de mi tamaño. Me echó sobre la cama y prosiguió con la mamada.

¡Que bien sabía hacerlo! A veces la marcaba el ritmo y otras ella misma tragaba hasta hacer desaparecer mi polla en su boca. Llegó el momento en el que, o paraba, o me iba a correr. Se lo hice saber y ella decidió por mí: succionó con más fuerza y al par de minutos estaba corriéndome generosamente en su boca pero ella seguía mamando y tragando lotodo. Al rato dejó mi polla y vino a besarme. Pude percibir el sabor de mi semen en su boca.

Primero me la chupo ella y después yo le correpondi

Llevé una mano hacia su polla que estaba durísima y comencé a masturbarla. Al poco rato ella cogió mi cabeza y me guio para que yo se la chupara. Como he contado no era la primera vez que disfrutaba de una chica así y me dispuse a comerle la polla lo mejor que pudiera.

Su sabor era muy agradable, aunque a veces me empujaba tratando de que me tragase más polla pero me venían arcadas. Yo la miraba y ella decía «así, así», lo cual me animaba a seguir intentando tragarme su polla entera. Después de varios intentos conseguí que traspasara la campanilla, entonces ella me agarró de la cabeza para impedirme sacarla y comenzó a follarme la boca. Al rato, por fin pude respirar un poco, pero de nuevo me agarró y volvió a la carga.

– Quiero follarte -me dijo. Saqué su polla de mi boca y me tumbé en la cama levantando las piernas.

– Procura no hacerme daño -fue lo único que dije.

Penetrado por una travesti

De un cajón saco un bote de lubricante con el cual me untó el ano y probó a dilatarme con varios dedos. Una vez que sus dedos entraron bien se puso un condón, se untó de lubricante la polla y apuntó a mi culo. Al comienzo me molestó un poco la invasión, pero tras una pausa y metiendo poco a poco consiguió metérmela entera. Permanecimos otro rato quietos hasta que comenzó a moverse. En ese momento ya no sentía molestia y volvía a recordar el enorme placer de que una polla este entrando en tu culo.

Dara comenzó a bombear, cada vez más rápido. A mí me venían oleadas de placer y ella a veces se quedaba con los ojos en blanco y sus tetas saltaban al ritmo de la follada. Al rato me puso a cuatro patas sobre la cama y se situó tras de mí. De un empujón me la metió entera, y os engañaría si os dijera que no sentí una pequeña molestia, pero al poco rato volvió el placer. Me sujetaba de la cintura al tiempo que embestía. Joder! que placer me estaba dando!

Yo gemía como una putilla y ella gruñía y decía expresiones que yo no llegaba a comprender. Así estuvimos un tiempo largo hasta que salió de mí y se tumbó. Me dijo que la cabalgara. Me senté sobre ella y me dejé caer sintiendo de golpe toda su polla en mi interior. Mientras yo la cabalgaba ella me agarró mi polla que estaba completamente tiesa y me masturbaba.

Explosión conjunta de placer

Llegó un momento en el que no me pude contener y me corrí como hacía tiempo no lo había hecho. Mis espasmos y contracciones del esfínter lograron que ella al tiempo se corriera abundantemente, lo que pude notar a pesar del condón que llevaba.

Quedamos los dos tumbados al lado en la cama.

– Ufff, ha sido estupendo -dije.

– Si, que culo tienes mas rico -respondió ella.

Estuvimos un rato charlando. Me contó que ella había estado un tiempo viviendo en Madrid y que le gustaba el culo de los madrileños, dijo ente risas.

Miramos el reloj y vimos que eran cerca de las 12 y a las 8 del día siguiente tendríamos otro tour. Me vestí y me dio indicaciones para darle al taxista, al cual llamó ella por teléfono. Llegué al hotel aún muy caliente y no me pude calmar hasta que bajo la ducha me masturbé recordando el polvo que me había echado Dara tan solo una hora antes.

Continuará…

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