Una aventura nocturna

Paseando de noche por Barcelona

La historia empieza cuando en uno de mis acostumbrados paseos nocturnos por el centro histórico de Barcelona, ya que sufro de insomnio. Se me ocurre ir por una calle donde veía mucho movimiento. Al acercarme pude observar que se trataba de una discoteca de ambiente. Es decir una disco de homosexuales. Me quedé fascinado viendo con que desfachatez los travestís bajaban de sus automóviles y entraban a la discoteca. Me llamaba mucho la atención sus ropas, ya que llevaban vestidos muy escotados y bastante de ellas eran muy hermosas.

Cuando me encontraba viendo como bajaba una rubia, muy hermosa a mi vista, siento que un tipo me agarra del cuello y empieza a meter sus manos en mis bolsillos. –Maldita sea, me quieren robar me dije– Y es que no me había fijado que la zona estaba repleta de rateros. Me defendí como pude, y en eso se acercan más delincuentes, todos de mi edad o menos, pero bajos de estatura. Pensé que me dejaría sin un céntimo, y es en medio del forcejeo que se acerca un tipo robusto que con una correa en la mano y empiezo a ahuyentarlos a todos. Le doy las gracias al tipo y me dispongo a irme ya que estaba bastante asustado.

Un inesperado ángel protector

Cuando estoy por cruzar la pista para retirarme se acerca a mi una “chica”, y me dice que por que ando tan descuidado. Que me hubiera podido ir peor, me cuenta que el tipo que me defendió era su amigo. Le decían el charapa, y que ella le había pedido que me ayudara. Yo le doy las gracias y ella me dice que ha esas horas ir a pie hasta mi casa era demasiado peligroso ya que los rateros estaban rondando y me tenían en la mira. A lo que yo al dar un par de miradas alrededor lo pude comprobar.

Bueno le dije, no tengo como irme, ya que solo tengo unos cuantos euros y mi reloj en el bolsillo. Ella me dijo que si quería la podía acompañar, a lo que yo accedí. Entonces me di cuenta que podría ser la oportunidad de tener sexo con una travestí, muy linda además.

Ya en el taxi, ella me dijo que mejor vayamos a su casa que estaba sola, yo no le dije nada. Ella me contó que se llamaba Kanada, nombre de batalla, y que tenía 18 añitos, era tan chiquilla como yo. En el trayecto ella comenzó a deslizar su mano hacia mi miembro. Y este empezó a reaccionar, entonces yo le agarré por el cuello y la besé. De una manera tal que hasta el día de hoy lo recuerdo, mis manos exploraban debajo de su brassier, palpando unas pequeñas tetitas. El taxista comenzó a toser, entonces nosotros nos separamos, nos miramos y nos reímos.

Un pequeño apartamento

Al llegar a su casa ella pagó al taxista y entramos a su casa. Mejor dicho apartamentito. Encendimos la televisión y nos echamos en la cama a ver que había. Ella me dijo que se cambiaría de ropa para sentirse más cómoda. Yo la observaba, se quitó todo menos su calzoncito, pude ver que el cuerpo que tenía ante mi era el de un tipo bastante lampiño. Tenía facciones muy femeninas; ella era de más o menos 165 cm, delgada de tez clara, ojos medio achinados, tetitas pequeñas y un pompis redondito, no muy grande, pero bien parado. Se colocó un buzo y un polito pequeño, se echó a mi costado abrazándome, y nos pusimos a ver televisión, conversando de nosotros.

En un momento pensé que no pasaría nada entre nosotros, pero la tele pasó unas escenas de sexo. Ella deslizó su mano hacia mi pene, mientras me preguntaba si lo había echo antes con un travestido, yo le dije que no, ella se rió y me dijo que no me creía.

Mi primera vez con un transexual

Yo le dije que tenía curiosidad de hacerlo, además de que ella era muy linda y que si lo podíamos hacer, ella siguió riendo mientras se ponía sobre mí. Kanada acercaba su cara a mi oreja y me susurraba si en verdad le parecía linda, yo le decía una y otra vez que si, mientras que mis manos le agarraban todo su trasero por debajo de su buzo.

A cada minuto de este jueguito me ponía cada vez más cachondo, y así como la tenía sentada sobre mí, le quité su polito y le empecé a acariciar sus pequeños pezones. Ella me decía que estaba en un tratamiento hormonal, poco me importaba a mí ya que parecían los pezones de una niñita. De un momento a otro hice que cambiemos de posiciones. Y ella quedó debajo de mí, mientras le besaba el cuello y el pecho, le fui quitando su pantalón. Y ella hacía lo mismo con el mío.

Preliminares

En un momento dado me dijo que no quería que le viera su pene. Así que se dio la vuelta simplemente, me quedé intrigado, y le pregunté el por qué. Ella se giro, y me dijo que le daba vergüenza ya que la tenía demasiado pequeña. Yo me reí y le dije que no tenía importancia y cogiéndola del cuello la besé. Después dirigí su cabeza a mis huevos, a lo que ella los empezó a chupar al igual que mi pollla que para ese entonces ya tenía un tamaño considerable.

Al ver su carita de casi una niñita con ese cuerpecito me excité mucho y preso de aquella excitación me eché, quedando al frente de sus nalgas, con mis manos empecé a acariciarla y a abrazarla rozando su miembro. Nunca antes lo había echo, pero me dieron ganas de acariciar su pequeño miembro. Ella al inicio se mostró retiente, pero después se dejó hacer. Metí mi cabeza entre sus piernas y empecé a besar suavemente su pequeño pene, sin llegar a chuparlo.

Me pidió que se la metiera

Entonces me pidió se la metiera, pero despacio ya que mi pene era demasiado grande. Yo me incorporé mientras ella ponía unos almohadones bajo su cintura. Unté un poco de saliva en su ano y ejercí la presión necesaria hasta que la punta de mi verga sintió el calor irresistible que por primera vez me daba aquel ano. Yo masajeaba su espaldita y me recostaba sobre ella para morder su espalda. Ella empezó a cogerle el gusto a eso ya que empezó a moverse a mi compás.

Mientras mi pene seguía prisionero solo hasta la tercera parte. Entonces opté por un mete saca despacio, y esto dio resultados ya que sentía que mis bolas se iban acercando cada vez más a las suyas. Hasta que por fin lo metí todo…. Me tumbe sobre ella, era delgada y yo bastante grande en comparación, y eso me gustaba. Comenzamos a movernos despacio mientras ella gemía y con su mano trataba de acariciar mi zona entre los huevos y mi ano.

Un cambio de postura y luego otro

Le pedí que cambiáramos de posición, que quería ver su cara mientras la follaba. Ella sacó un bote de vaselina y se lo echó a su ano ya que estaba demasiado seco según dijo. Entonces yo me tumbé y ella se sentó sobre mí. Esa posición fue fabulosa ya que veía sus gesticulaciones de placer, no aguantaba y a cada instante me doblaba para darle pequeños besitos en su boquita y en sus pequeños pechitos. Ella me decía que estaba bastante excitada y que podía terminar en cualquier momento, ya que se estaba masturbando, mientras yo le metía mi verga.

Así que en la misma posición de caballito, pero dándome la espalda comenzó a moverse. Era genial… Entonces note como sus dedos fueron a meterse en mi ano y eso me excitó muchísimo. Me incorporé, sin sacar mi verga de su interior. La abracé y la tumbé en la cama, la abrí a más no poder y le metí toda mi verga tan adentro como pude y me corrí dentro de ella, en unos chorros de leche espesa que fueron a quedarse en el condón, pero fue una corrida espectacular.

Un final delicioso

Quede exhausto en la cama, con Kanada a mi costado. Me fijé que ella también se había corrido, nos reímos. Y ella empezó a besarme el pecho, bajando lentamente. Me sacó el condón y me lamió por los costados, con pequeños piquitos. Su lengua fue a recorrer la zona entre mis huevos y mi ano, y me preguntó si quería probar de su pequeñín. A lo que respondí que si, correspondiéndole. Me incline para poder llevar a su pollita y se la empece a chupar tímidamente.

Era la primera vez que lo hacía y aun que esteva reticente, me resulto delicioso. Los dos no existamos de nuevo en seguida. Seguimos así unos minutos, cada vez más excitados. Hasta que empezó a masturbarme frenéticamente, mientras sus deditos y ahora su lengua jugaban con mi ano. Si pequeña polla estaba totalmente tiesa y yo segía chupándosela, hasta que note que iba acorrerse y termine el trabajo con la mano, mientra yo también me corría una segunda vez.

 

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