Trío con mi mujer y una travesti

Ese invierno iba a ser muy crudo y, para escapar un poco al frío, Ana y yo decidimos tomarnos una semana de vacaciones en Barcelona.Mi sexy mujer había estado muy excitada y caliente durante esos días. En nuestra tercera noche, después de cenar en un agradable restaurante, ella sugirió que fuéramos a buscar una tercera persona para pasar una buena noche de sexo en nuestro hotel…

Terminamos la velada en un pub; a unas pocas calles del hotel. Una chica muy atractiva estilo latino que se encontraba sola comenzó a conversar con mi mujer.

La chica en cuestión se llamaba Samanta. Tenía un cuerpo escultural, apenas más alta que mi esposa; con unas suaves caderas redondeadas, cintura muy fina y unas piernas realmente matadoras…

Mientras ellas conversaban yo disfrutaba de la música; pero algo me llamaba la atención en el ambiente y los personajes que nos rodeaban. Finalmente llegué a la conclusión de que estábamos en un bar de ambiente… Se lo dije por lo bajo a mi mijer y ella sonrió, diciendo que ya lo había notado.

Samanta me observó bien y le dijo a mi esposa que se sentía atraída por mí. Ana rió con ganas y le dijo que podía tenerme envuelto para regalo… Mi esposa me invitó a bailar y mientras lo hacíamos, yo no podía quitar mi vista de Samanta. Entonces me di cuenta de que era una chica trans… Se lo dije a Ana y ella sonrió nuevamente, contestando que Samanta era muy sexy, sin importar si se trataba de un hombre o una mujer…

Regresamos a la barra junto a Samanta y un rato después Ana me dijo que quería llevar a su nueva amiga al hotel con nosotros. Me imaginé toda clase de locuras en manos de estas dos perras, así que acepté encantado…

Ellas se veían como si fueran amigas desde siempre. Ya en nuestra habitación, disfrutamos de unos tragos y las chicas bailaron moviéndose sensualmente al compás de la música. Samanta se dirigió al baño y mi esposa aprovechó el momento para contarme que se sentía muy excitada por esa mujer travesti… Le dije que por mi parte estaba todo bien; si era necesario, yo solo miraría…

Cuando Samanta regresó, ellas se besaron y Ana le dijo que no había problema por mi lado. Ambas se desvistieron mientras se besaban. La chica mostró lo suyo y yo no pude hacer otra cosa que asombrarme con el tamaño de la verga que escondia en su entrepierna… Era algo enorme… Ana me miró con sus ojos abiertos por el asombro y yo asentí en silencio.

Apenas mi esposa tomó esa verga entre sus manos y se la metió en la boca, yo noté que Samanta me miraba a mí y se relamía los labios… Enseguida cerró sus ojos y gimió mientras Ana devoraba esa tremenda verga con su suave boca.

Me senté a observarlas y ellas señalaron mi paquete con sus cabezas. Se acercaron y pronto tuve dos lenguas acariciando mi polla endurecida. Me lamieron durante unos minutos y luego ellas subieron a la cama, donde hicieron un perfecto sesenta y nueve. Samanta gemía y jadeaba sintiendo la maestría oral de mi esposa…

Cuando esa verga estuvo bien dura, Ana anunció que deseaba montarla. Entonces cabalgó a Samanta y se empaló en esa verga hasta el fondo. Se veía súper cachonda mientras se deslizaba sobre el vientre de esa chica trans.

Decidí sumarme a ellas; así que me acerqué a la cama y besé a mi mujer, mientras colocaba mi verga dura en la boca de Samanta. Ana estaba gimiendo en placer, con esa dura polla enterrada en su vagina y mis manos acariciando las firmes curvas de su cuerpo. Lubriqué mis dedos con saliva y comencé a jugar con su entrada anal. Luego me ubiqué detrás de su cuerpo y la sodomicé con la cabeza de mi verga pulsante, mientras ella seguía cabalgando sobre Samanta.

Finalmente enterré mi polla entera en el ano de mi delicada esposa y los tres comenzamos a movernos al mismo ritmo. Ana gemía como loca. Ella alcanzó pronto un par de audibles orgasmos, mientras yo le tiraba del pelo hacia atrás y le azotaba las nalgas a cachetazos…

Yo estaba listo para descargarme dentro del culo de mi esposa. Tan concentrado me hallaba en eso, que no había notado que Samanta se había deslizado fuera de la concha de Ana. Entonces presentí que la travesti estaba a mis espaldas y anunciaba: “Voy a acabar…” Lo siguiente fue un agudo dolor en mi trasero. Entonces supe que Samanta me había penetrado con su gruesa verga y me estaba bombeando duro… De pronto me aferró por las caderas y sentí su semen hirviendo invadiendo mis entrañas; al mismo tiempo que yo explotaba en el culo de Ana.

Durante el resto de la noche intercambiamos posiciones y follamos los tres como locos, con pasión y con mucha lujuria… Cuando Samanta nos dejó por fin en la mañana, Ana me besó diciendo: “Me encantó hacer un trio con una mujer así; una experiencia caliente…”Yo estaba realmente exhausto: había sodomizado a las dos, les había lamido la concha y chupado la verga; y me había dejado romper el culo…

Ana se levantó de un salto y se vistió a las apuradas. Le pregunté la razón de semejante prisa y, antes de salir de la habitación, me dijo que iba a buscar a Samanta otra vez…