Sexo anal

El sexo anal es uno de los tabúes más grandes que existen si nos referimos a sexo. Es una práctica sexual juzgada por muchas personas, quienes lo asocian exclusivamente con el sexo entre homosexuales. Pero la realidad es otra, son muchas las parejas heterosexuales que practican la estimulación del ano en sus relaciones sexuales. Incluso, algunas parejas lo utilizan como manera de evitar un embarazo indeseado.

El sexo anal también es conocido como griego, sodomía, dar por culo, encular… Son muchos los nombres con los que ha sido bautizada esta práctica sexual durante la historia. El sexo anal, es una práctica tan antigua como el ser humano, se va mucho más allá de las relaciones homosexuales o relaciones sexuales con travestis. Ya en Perú se han encontrado figuras precolombinas que muestran a parejas heterosexuales practicando penetraciones anales, y también vasijas griegas con una antigüedad de cinco siglos antes de la era cristiana, y en ellas se reproducen imágenes en las que los soldados se sodomizan unos a otros.

Es conocido que en la época romana entre las clases altas se sodomizaba a los inferiores y esclavos, o bien alguien se dejaba sodomizar para tener un buen “padrino” y poder ascender socialmente.  Se cree que Julio César sodomizó y fue sodomizado y que Alejandro Magno, el más grande conquistador de todos los tiempos, era un gran amante del sexo anal pasivo.

Se conoce que aproximadamente el cincuenta por ciento de las parejas heterosexuales tienen practicas eventuales de coito anal, y que un diez por ciento lo hace con cierta regularidad y declaran que la práctica es placentera y satisfactoria. Así que, se deduce que las mujeres sienten como mínimo una curiosidad por este modo de penetración y que la mitad se atreven a llevarla a la práctica, aunque solo una mínima parte la incorpore como algo muy habitual.

Siempre ha existido un temor al dolor que se pueda sentir, pero seguramente si fuera tal el dolor, no sería una práctica habitual de las parejas homosexuales, y tampoco contaría con una proporción tan significativa de heterosexuales y transexuales que lo practican. Pero sí que es cierto que es necesario contar con ayuda sintética para facilitar la penetración, al no haber lubricación natural del ano.

Debemos saber que el recto, es la parte final del intestino y se trata de un músculo que posee dos válvulas destinadas a contener el paquete fecal antes de expulsarlo. Así que, si el recto está contraído la penetración si es dolorosa. Para que la relación anal sea placentera es necesario, que sea cual sea la orientación de la pareja, esté relajada, de modo que así el recto no se contraiga.

Se puede estimular el ano con la lengua o con caricias manuales, ya que posee muchas terminaciones nerviosas, y se puede provocar un primer placer relajante que permita posteriormente la penetración. Al igual que en cualquier otra práctica sexual, los preámbulos tienen casi más importancia que la culminación.

En este tipo de relaciones el riesgo de infecciones es especialmente alto, lo cual no significa que no sea lícito ni una fuente de placer. Es necesario tomar precauciones si uno es muy dado a la promiscuidad, además si no tenemos pareja estable y queremos mantener una relación anal, el preservativo es fundamental.

Es recomendable el uso de lubricantes para evitar las heridas, ya que el sexo anal puede provocar fisuras en el intestino y por ahí se pueden colar  bacterias fecales u otros contaminantes que procedan del pene que nos penetra, como el VIH o el virus de la hepatitis B, entre otros.

Es muy conveniente lavarse correctamente tras mantener una relación anal, más aún si deseamos penetrar seguidamente a otra persona, ya que en el pene nos habrán quedado restos de materia fecal que proceden del recto de quien hemos penetrado.

Hay una teoría que explica que mediante la estimulación anal de la próstata se previene del cáncer, es una teoría avalada por diversos estudios que aseguran que la frecuencia en los orgasmos sirve como prevención a los hombres de diversos tipos de cáncer.

También expertos explican que el semen, el cual aporta diversas hormonas euforizantes a la mujer a través de la vagina, se absorbe también vía anal. De este modo un hombre penetrado esta recibiendo adicionalmente selenio, el cual es un regulador fundamental de nuestra fisiología, un elemento antioxidante que estimula el sistema inmunológico y tiene su relevancia en el funcionamiento de la glándula tiroides.

La religión señala el sexo anal de algo “sucio”, dice que va en contra de la naturaleza y mucha gente lo considera algo inapropiado.

Es una práctica inmoral para la moral judeocristiana, pero en otras culturas como las antiguas griega y romana,  no había este concepto de inmoralidad sino de estatus social y de dominación. En algunas culturas árabes o en países como Qatar se paga con la pena de muerte.

Nunca han sido bien vistas ni toleradas las minorías, porque ponen en duda las convicciones de la mayoría y también tiene su influencia sobre su impopularidad el hecho de que (sin las debidas precauciones) es un acto que puede transmitir de algunas enfermedades graves, como ha ocurrido con las diferentes formas de hepatitis o el VIH.

Pero seguramente el motivo más profundo sea que el acto anal, inconscientemente nos lleva a una imagen agresiva de un de un superior a un inferior, pues es frecuente en animales el intento de monta entre machos y este acto tiene como fin marcar el estatus.