Mi encuentro con Sabrina

Escapando de la rutina del día a día

Después de un viaje en coche de 6 horas, acababa de llegar al hotel en el que tenía reserva para las próximas 6 noches, para lo que tenia que ser una escapada de la rutina y el estrés diario. Según llegaba a la habitación con mis maletas, me crucé con una hembra muy sexy y atractiva. No pude evitar volverme para fijarme en ella, era realmente impresionante y con unas curvas de infarto. Parecía salida de una peli porno y me quede embobado mirándola hasta que desapareció por el pasillo.

Como todavía no era la hora de comer y faltaban al menos noventa minutos, pensé en darme una relajante ducha y tumbarme una rato. Puse la alarma en el reloj para llegar a tiempo al bufret y poder comer como un león, pues el estrés del viaje me había abierto el apetito.

Atracción a primera vista

Me desperecé a las 2 y cuarto, con el tiempo suficiente de vestirme cómodo y bajar a comer. Al llegar al buffet libre del hotel, para mi sorpresa me volví al encontrar a esa fascinante y seductora hembra morena que me había cautivado hacia un rato. Debía de venir de la piscina, pues no solo calzaba unas sandalias rosas y vestía un pareo multicolor que anudaba sobre el hombro. Yo la reconocí nada más verla y me volvi a quedar embobado contemplándola, cosa que a ella no le paso por alto esta vez.

Como por casualidad me sente a comer no muy lejos de ella, en la misma mesa. Advertí que entre los dos había un cierto «feeling» así que me lance i empece a entablar una conversación con ella. Prime hablamos de temas banales pero enseguida empece a ir un poco más allá y yo empecé muy adulador a alabar su atractiva belleza femenina. Ella me dio las gracias por ser tan amable y decidió presentarse.

—Por si quieres saber mi nombre, me llamo Sabrina —dijo ella.

—Encantado —dije yo. —Yo soy Marcos

— Encantada —dijo Sabrina.

Primer contacto

Seguimos comiendo en animada charla y caímos en la cuenta de que allí no conocíamos a nadie y que mejor forma de pasar esos días, haciéndonos mutua compañía y salir como pareja a conocer la ciudad, cenar en algún restaurante típico y pasear por la playa y bañarnos juntos en el mar.

A Sabrina al principio la idea no le sedujo, pero según iba trascurriendo el tiempo dio su brazo a torcer y le divirtió la idea.

—¿Qué te parece, si a las 8 quedamos en el bar del hotel y luego salimos a pasear y conocer el pueblo? —pregunte yo.

—Por mi bien, perfecto —indicó Sabrina.

Un breve descanso

Nos retiramos a nuestras habitaciones, pues yo estaba exhausto del viaje y con la comida en el estómago, necesitaba echarme la siesta. Y además quería recuperar fuerzas ya que intuía que me haría falta para más tarde.  Tuve la enorme suerte de levantarme de siesta a la seis de la tarde, con el suficiente tiempo de darme un buena ducha y acicalarme bien. Pero todo muy relajadamente.

Me engalané con una camisa negra de hilo de manga corte, unos vaqueros igualmente negros y unos náuticos también negros. Como ropa interior me puse uno de mis tangas, que alguna de mis obscenas follamigas me había regalado. Y como final, mi perfume favorito.

Bajé al lugar donde habíamos quedado y ya me esperaba ansiosa Sabrina que pensaba que yo le había tomado el pelo y le había dado plantón.

—¡Qué guapa vienes! —apostillé.

Una cita romántica

Marchamos en dirección a la playa y observamos lugares para cenar y tomar copas. Parecía un lugar bello y romántico. Después de dar un relajante paseo decidimos ir a cenar en un lugar lleno de encanto. Sabrina pidió marisco y yo sushi y vino del país para los dos. Los dos abandonamos el bonito restaurante algo cogorzas, pero con unas ganas de sexo terribles. Pues Sabrina, me estuvo toqueteando el rabo con la punta de sus dedos y mi rabo se había puesto duro con sus jueguecitos y miraditas.

Regresamos por la playa y nos paramos unos segundos, para beasrno apasionadamente y meternos mano. Cosa que elevo aún más nuestra libido y lujuria. Mi prisionera verga luchaba ferozmente por salir del tanga de lo dura que la tenía. Sabrina se dio cuenta y la acarició, lo que hizo instintivamente que la besara y acariciara.

De vuelta al hotel

Continuamos el caminando hasta llegar al hotel y fuimos muy poco a poco a dirección a pedir las llaves. Íbamos agarrados de la mano como dos auténticos enamorados, pero con una brutal calentura sexual digna de la mejor película pornográfica.

Al entrar en su habitación, Sabrina echó sus femeninos brazos sobre mis musculados hombros y comenzó a comerme a besos.

—¡Qué buena estás, amor!, ¡Quiero comerte esas ricas tetas —deseé yo.

Sabrina se bajó los tirantes y le comencé a lamer, chupar y lengüetear sus soberbias y fenomenales tetazas.

—Me pones muy cachonda cuando me haces eso, deseo comerte entero —jadeó Sabrina.

Una sorpresa inesperada

Le lamía primero la teta derecha, luego la izquierda, nos fundíamos en un breve abrazó, para lamerla una oreja y luego la otra. Me quité la camisa y ella su vestido y se quedó solo con la ropa interior.

—¡Estás muy buena! —largué yo.

Sabrina me volvió a mirar con lascivia y lubricidad y me soltó:—Yo también te deseo, amor, pero has de saber que no soy lo que crees que parezco.

—¿Qué quieres decir, amor? —paré yo.

—Que soy una transexual y muy sexy como puedes ver —reveló Sabrina.

—No me importa. Aun así, quiero follar contigo querida —respondi yo sin pendarlo ni un momento.

Mi primera vez con una travesti

Yo seguía lamiendo sin parar el sexy cuerpo de la Sabrina y mientras también empece a acariciar su verga por encima del tanga. Entonces, me di la vuelta para empezar a lamerle el culo. Mientras se lo hacía, ella me acariciaba la espalda y daba pequeños gemidos de placer.

Luego me di la vuelta y proseguí a comerle las tetas y mientras Sabrina jadeaba de placer. Me quité los pantalones y Sabrina contempló mi tanga tan obsceno, depravado y sexy con fascinación y embeleso. Al verme desnudo y en tanga.

Sabrina exclamó:—¡Que sexy eres! ¡Qué bien te queda!

Sabrina miraba con lujuria, vicio y depravación a mi culo. Entonces supe que lo deseaba petar y eso me excito muchísimo más aún. Acaricié una de sus piernas, y sus medias de rejilla que tan salaz y lascivo me pusieron y volvía a lamer y lengüetear sus tetas. Mientras se las relamía ella gimoteaba de placer.

La pasión se desata

Entonces me decidí a quitarle el tanga y luego ella me quitó el mío y volví otra vez a chupar y lamer sus seductoras y atrayentes tetas .Mientras seguía lamiendo y chupando sus fenomenales y magnificas tetazas magreaba su rabo y ella magreaba el mío. Sabrina acariciaba mi culo y me hendía un dedo en la raja. Ya sentía como la punta de su dedo medio comenzaba a clavarse dentro de mis entrañas y yo comenzaba a gemir y bufar de placer.

Me puse en cuclillas y comencé a comerla ansiosamente la polla. Sabrina me contemplaba extasiada y embobada por cómo se lo hacía. Sacó su verga ya empalmada y comenzó a darme golpecitos en mi boca hasta que se la volvía chupar, relamer, paladear e ingerir. Yo tragaba y tragaba su transexual verga y Sabrina me daba pequeños empellones para que devorara más su cipote. La volvía a tragar más y más y ella continuaba gimiendo de lujuria. La zorra depravada de Sabrina daba berridos y gañidos placenteros, mientras yo tragaba esa verga que me estaba volviendo loco.

Chupándole la polla a una travesti

Yo continuaba lamiendo su verga y ella me observaba fascinada y magnetizada mientras no paraba de sollozar, gimotear y bramar sexualmente. Luego le di la vuelta y le comí y lamí el ojete mientra Sabrina sollozaba, gimoteaba y bramaba depravadamente. A continuación, nos dimos la vuelta y ella comenzó a lamer mi torso, con su mojada y lasciva lengua. Comenzó a bajarla hasta que comenzó a lamer mis testiculos mientras que con su mano izquierda me pajeaba, hasta que luego se metió toda mi endurecida polla de golpe en la boca.

Sabrina, se colocó en cuclillas y chupaba y lamia mi dura verga y yo berreaba, gemía, mugía y jadeaba de pasión incontenida. Al cabo de un momento, se levantó de golpe, se situó muy cerca de mí y comenzamos a magrearnos mutuamente nuestros rabos.

Sabrina se dio la vuelta y me tiré a comerla su polla y la mientras ella se abría de piernas para disfrutar más de la felació. A la vez, la sobaba y acariciaba ella jadeaba sin parar. Entonces la subí sobre una mesa y mientras disfrutaba embelesada contemplando como la mamaba el rabo, con su  mano derecha, se sobaba su teta derecha y luego con esa mano, las dos a la vez.

La puse patas arriba y mientras Sabrina se pajeaba, yo le lamía el ano. Seguí alternando ente su culo y su rabo mientras ella permanecía abierta de patas. Mientras tanto, metía un dedo en su ojete y aumentaba su lasciva y lujuriosa lubricidad.

Primero una postura y después otra

Al cabo de un rato se levantó y  me pidió que me pusiera frente a la mesa y ofreciendo mi culo hacia ella. Obedecí, me subí sobre la mesa, quedando un pie dentro y otro sobre el suelo.

Entonce empezo rozando su verga contra mi ojete suavemente: Poco a poco em pexo a hacer presión hasta que consiguió endiñar su verga y comenzó a penetrarme. Sabrina, asía sus manos a mis caderas y me petaba con furia sexual mientras me repetía una y otra vez.—¡qué bueno estás, jodío!, ¡me encanta encularte .

Yo estaba en un mar de jadeos, bufidos y gemidos. Mientras la verga de Sabrina me habría en canal y me daba empellones en el culo sin parar.—¡Este va a ser el polvo más caliente de tu puta vida, maricón!, ¡me estás haciendo gozar como a una zorra! —gritaba Sabrina.

Mientras me follaba, ella, se tocaba una teta y luego otra y gemía y sollozaba de lujuria. Saque ambas piernas de la mesa para que el polvazo que me estaba pegando esta zorra libertina transexual de Sabrina fuera más placentero para ambos. Sabrina me estaba enculando de menos a más y yo aullaba y me desgañitaba del placer que esta zorra transexual me estaba dando con su rabo.

Penetrado sin piedad por una transexual

Entonces frenó un momento, levantó su pierna derecha para posarla sobre una banqueta aneja a la mesa para «estacarme» bien su verga y hacer que jadeara, sollozara, gimoteara y bufara mucho más de placer.  Mientras me Sabrina me enculaba si piedad, yo me agarraba con fuerza a mis cojones y notaba como hervía la lefa dentro de mi ser a la vez que me percataba como Sabrina me horadaba y follaba con dureza el ojete.

Nos subimos los dos a la mesa, para que Sabrina me petara lateralmente. La muy golfa, estaba tan caliente y me acariciaba el torso. Yo me levanté y me puse con las piernas abiertas sobre Sabrina para luego clavarme y hundir su verga en lo más profundo se mi agitado culo. Monté sobre su verga y mientras agarraba mis duras piernas y yo, para no caerme.  Apoyaba una mano sobre la mesa y continuaba berreando, graznando y jadeando como un lascivo cabrón en celo.

—¡Qué bien me jodes, zorra!,

Nos levantamos y separamos un segundo, para que Sabrina jodiera mi culo, esta vez a cuatro patas. Sabrina estaba más y más caliente y depravada y sus duros empellones iban de menos a más y volvió a sacar a relucir su calentura. Yo proseguía gimiendo, berreando, gañendo y gritando por los mil pollazos continuados que esta zorra transexual en celo me estaba endiñando al perforar y taladrar mi ojete.  Mientras me follaba en esta posición, me pajeaba para darme más y más placer.

Éxtasis final

Finalmente, tras una embestida saco su vergón y expulsó toda su cremosa y pastosa lefa sobre mi espalda. Yo me pajeaba sin parar y también estaba apunto de correrme. Entonces ella se percato me dio la vuelta y se agacho para meterse toda mi polla en su boca. Se la trago entera y yo que estaba al limite le agarre la cabeza y la embestí hasta que a la tercera embestida me corrí tremendamente en su garganta.

Sabrina me dio un beso y nos quedamos tumbados en la cama… Ese seria solo el primero de mucho encuentros sexuales con Sabrina…

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