La vecina del sexto piso…

En mis últimos años de soltero, me había instalado para vivir solo en un pequeño departamento en el barrio del Eixample de Barcelona. A veces coincidía en la calle con una chica hermosa, joven y muy voluptuosa; tenía una cintura fina que se quebraba al caminar y unas hermosas tetas que se bamboleaban dentro de uso ajustados tops de lycra que apenas podían contenerlos.

También usaba casi siempre unas cortas minifaldas que dejaban ver sus hermosas piernas torneadas. Encontrarla en la calle era verdadero placer visual y al mismo tiempo un tremendo dolor de polla; ya que se me endurecía repentinamente, mientras soñaba despierto todo lo que le haría a semejante hembra en una cama.

Sabía que esa increíble mujer vivía a la vuelta de la esquina. En ese edificio trabajaba un portero muy agradable; de quien me hice amigo con el tiempo. Ese hombre me comentó que esa hembra no tenía novio; pero que era normal verla entrar al edificio con distintos hombres de vez en cuando. Casi todas las tardes podía verla llegar a su casa. Los hombres giraban y le decían toda clase de groserías; pero ella seguía su camino ignorándolos; con su cara oculta por una abultada melena. Cada vez que la veía, terminaba siempre corriendo a mi casa para matarme a pajas, mientras evocaba la imagen de su cuerpo.

Una tarde estaba conversando con el portero de aquel edificio y preguntándole por ella; cuando justamente esa hembra apareció en la puerta de entrada. Me quedé boquiabierto… Ella saludó al portero y este buen hombre no tuvo mejor idea de decirle que yo estaba allí esperando por ella. Me quise morir, cuando ella depositó sus ojos verdes en mí. De repente sentí que mi verga se endurecía dolorosamente, mientras esa hembra seguía con sus ojos clavados en los míos. Entonces ella sonrió. Y me dijo que la acompañara…

Los cinco pisos por ascensor se hicieron lentísimos. Durante el trayecto, ella me miró de arriba abajo, para finalmente clavar sus ojos otra vez en los míos. Sonrió maliciosamente… Antes de que el ascensor se detuviera, una de sus manos se acercó a acariciar mi verga dura a través de mis pantalones. Cerré mis ojos y le sostuve la mano, hasta llegar a su piso.Tenía miedo de acabar ahí mismo… Mientras ella abría la puerta de su departamento, miré su ajustada falda y ya no aguanté más; le apoyé mi bulto contra su lindo culo. Ella entonces frotó su firme trasero contra mi polla ya endurecida. Giró la cabeza y volvió a sonreír con malicia…

Ni bien entramos a su piso, la tomé por la cara y le comí la boca. Ella rompió el beso y se quitó el top por encima de su cabeza. Sus increíbles tetas saltaron hacia adelante, coronadas por unos hermosos pezones oscuros y erectos. Me los devoré mientras la sujetaba a ella por la cintura, tratando de inmovilizarla. Ella mientras tanto jadeaba y se las arregló para desnudarme por completo. Entonces cayó de rodillas y abrió su deliciosa boca para comerse mi verga entera. La muy perra realmente sabía chupar una polla. Se la tragaba toda y su sedosa lengua jugaba y me acariciaba el glande, haciéndome gemir como loco.

Pensé que iba a explotar ahí mismo… Cuando ella se incorporó; me dio la espalda y se levantó la falda, pero solamente se bajó la tanga para descubrir apenas su entrada anal. Me pidió que le diera por el culo. Sonreí, encantado con su propuesta. Le apoyé la punta de mi verga en su apretada entrada trasera y empujé un poco. Su esfínter cedió con facilidad y me encontré hundido por completo dentro de su ano, hasta el fondo en una sola embestida. La hice poner a cuatro patas sobre la alfombra y le arranqué la diminuta tanga a tirones. Ella comenzó a aullar como loca, suplicándome que le rompiera el culo sin tenerle piedad.

La embestí varias veces pero sentía que podía hacerle daño en seco; así que se la saqué y muy despacio acerqué mi boca para lubricar ese estrecho ano con mi saliva. Pero entonces pude ver que por delante, colgaba algo bastante grande y flácido entre sus piernas. Era una polla descomunal, casi tan larga y gruesa como la mía… Mi preciosa vecina resultava ser una transexual… Ella giró la cabeza y vio mi cara de desconcierto; pero me suplicó llorando que le diera otra vez por el culo; después me explicaría… La sorpresa no pudo superar la calentura del momento y, ahora con cierto morbo, le clavé la verga hasta el fondo de su ano…

Empecé a penetrarla; ella a gimiendo cuatro patas, yo enloquecido. Aceleré el ritmo mientras la tomaba por esas magníficas tetas, llevando su culo contra mi verga. Ella gemía y gritaba de dolor.Yo se la clavaba con salvajismo, con brutalidad; se la sacaba entera y se la metía otra vez, oyéndola ella gritaba de dolor, de placer.

Me suplicó que acabara bien adentro. Entonces aceleré mi ritmo y arremetí con furia contra su hermoso culo, enterrándome cada vez más adentro. Hasta que de repente, me descargué por completo en su cuerpo y caí rendido sobre su espalda, todavía con mi polla dura enterrada en su culo. Me pidió que no se la sacara y ella comenzó a rotar sus caderas suavemente. Y entonces se me empezó a poner dura otra vez, dentro de ese tremendo trasero, mientras ella jadeaba y suspiraba. Me pidió que siguiera y entonces comencé a darle al mete y saca otra vez. Le di, duro, muy duro.

Estaba por acabar, cuando ella se salió sola y me pidió que le acabara en el vientre, sobre su verga. Lo que vi me impresionó. Su verga ahora estaba endurecida y totalmente erguida. Su glande estaba rozando el mío, cuando ella me atrapó con sus largas piernas, logrando que mi pecho quedara atrapado entre sus hermosas tetas turgentes. Descargué todo mi semen sobre su enorme verga. Ella untó su mano con mi leche y se embadurnó la punta de esa pija prodigiosa. Sonrió con malicia y me preguntó si yo pensaba que ya estaba lo suficientemente lubricada.Antes de que yo le respondiera, me hizo girar, me puso de rodillas sobre la alfombra y deslizó un almohadón bajo mi vientre.Yo estaba un poco indeciso, pero excitado al mismo tiempo. Siempre me había preguntado qué sentía una mujer cuando la clavaba por el culo y ahora estaba a punto de comprobarlo.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por el alarido de dolor que me provocó sentir su verga penetrando mi culo. Me la clavó sin compasión. La lubricación que le daba mi propio semen, hizo que esa penetración fuera apenas dolorosa, pero muy placentera al mismo tiempo.Ella se quedó quieta unos instantes; esperando que mi ano se relajara y adaptara a ese semejante tamaño de polla. Luego empezó a moverse y a embestirme duro. Lloré de dolor, pero le grité que no me la sacara, que me rompiera bien el culo como yo se lo había roto a ella. Me follo dos veces; la segunda vez acabó en el fondo de mi ano. Cuando me la sacó, un reguero de semen caliente se deslizó entre mis muslos. Quedamos ambos agotados, pero muy satisfechos. Me ofreció su verga para que se la dejara limpia con mi lengua. Mientras lo hacía, me dijo que le había encantado la manera en que la había follado. Y anadio que podía subir al sexto piso cuando yo quisiera….