Juventud divino tesoro. 2ª parte

Acabé de limpiar mi casa y por 3a vez me seguía pareciendo estaba mal.

Mi piso está en el Eixample de Barcelona, en esta zona de la ciudad condal, los pisos son de altos techos y estirados. Tenía un comedor grande, un largo pasillo y la habitación al fondo.

Llegaba la hora, mi cita. Una cita, quien me lo iba a decir a mí…

Me senté impaciente en el balcón, veía la calle Consell de Cent, a mi es una de las calles que mas me gustan de Barcelona.

Pensé en tomarme una copa, pero que pensaría si al llegar huelo a cerveza? 10 minutos tarde sonó el timbre… estaba muy nervioso. Hacía mucho que no quedaba con nadie y menos con una chica tan guapa y joven.

Abrí la puerta y ahí estaba Erika, con su dulce mirada de niña inocente, su cuerpo de demonio atlético y sus pechos de tentación. Llevaba una blusa blanca suficientemente abierta como para ver enterito su sujetador de encaje… una minifalda negra con medias que alargaban aún más su esbelta figura.

-Hola guapo!

-Pasa por favor… parecía nerviosa. Llevaba una botella de vino blanco en la mano.

-¿Una copa mientras termino de preparar la cena?

-Claro…

Nos sentamos mientras el horno hacía su parte. Abrimos el vino y des de la terraza empezamos a conocernos. Ella me contaba su juventud, yo mi trabajo, ella reía y reía… yo la miraba embobado, que hacía una preciosidad como esta en mi casa…

La noche siguió, empezamos a cenar, abrimos la segunda copa de vino y empezamos a dejarnos llevar. Acabamos los postre y ya con los chupitos pasamos al sofá. Yo estaba relajado pero parecía todo iba demasiado bien. Ella, cada vez más cómoda, parecía me miraba con amor… me estaría volviendo loco.

En medio de una discusión sobre si el R.C.D Español era o no el mejor equipo de Barcelona, sin querer le toqué un pecho con la mano. Me corté en seco. notar esa piel tersa en mi mano… la miré a los ojos realmente asustado de haber metido la pata. Ella, me miró de forma intensa, parecía pudiese entrar en mi cabeza para susurrarme todo estaba bien.

-Tranquilo.

Me cogió la mano y la acercó a su pecho… Quería morir, quería llorar. Quería quedar atrapado en el tiempo con mi mano en su pecho para siempre.

Se desabrochó el sujetador y me puso la mano en contacto directo con su piel. Su pecho era para mí en ese momento como el santo grial del amor, el deseo y la juventud todo en uno.

-Me he enamorado de ti! le grité si saber porque… Ella, se puso de pie, se quitó la blusa y la minifalda mostrando todo su cuerpo para mí.

-Pues hazme el amor.

Me volví loco, no sabía cómo me había podido llegar a pasar algo así a mí. Estaba súper cortado…

-Ven. Me susurró, se me llevó al balcón, y mientras me tomaba un inocente gintonic, ella se arrodilló oculta por la baranda.

Me bajó el pantalón y todo un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sin poder evitarlo la aparte, con las manos… ella mi miro con la cara de una niña que nunca ha roto un plato:

-Solo un poquito…

Me empezó a chupar la polla sin que pudiera detenerla y sin entender nada… estaba tan excitado, resultaba su boca tan caliente tan lujuriosa para mi miembro, como la vista de sus pechos en el balcón.

No lo podía creer, aún así decidí abandonarme al placer. Si tenía suerte, pues porque desaprovecharla… La levanté y la acosté en el sofá, le quité las bragas para comerle el coño… y ups… tenía polla… Mi niña me miró y me sonrió, no pasa nada nene…

Se giró y siguió comiéndome la polla. Yo no entendía nada, pero como una mujer puede tener polla… Me dejé llevar… ella siguió chupando y chupando… La saliva caía por mis piernas, era capaz de meterse todo mi miembro en su boca… Siguió chupando y chupando y cuando no podía más acabé masturbándome en sus pechos…

Una sonrisa de complicidad nos sirvió para comunicarnos muchas más cosas de las que podíamos haber verbalizado.

Había sido simplemente inmejorable, una experiencia que tanto por inesperada, como por sorprendente, había dejado marcado en mi calendario ese día como uno de los días más especiales de mi vida. Mi primera vez con una travesti…