Ganas de sexo después del confinamiento

Mi cuerpo reclamaba sexo después del confinamiento

Aquella noche tenía ganas de sexo y estaba dispuesto a todo. Me había pasado dos meses encerrada en casa por el dichoso COVID-19 y mi cuerpo reclamaba sexo en todas sus formas posible. Pero eso iba a terminar esa noche.

A medida que subía el ascensor la ansiedad me consumía por dentro. Hacía mucho que no me sentía así. Tenía 42 años y ya estaba bastante, quizás demasiado, experimentado en el sexo, pero esa noche iba a probar algo nuevo. Esa noche iba a consumar una fantasía que había empezado a vagar en mi mente hacía unos diez años y con el tiempo se había hecho cada vez más fuerte hasta sentir que me invadía por completo y no me dejaba llevar a cabo mi vida cotidiana. Esta fantasía era la de follarme a una travesti.

Haciendo realidad una fantasía

Toda mi vida fui heterosexual y además soy un estereotipo de hombre macho. Alto, fornido, masculino, atlético, algo atractivo y bien dotado. Nunca me faltaron mujeres así que no me había faltado oportunidad de pulir mis destrezas sexuales. Pero en los tiempo que corren todo lo referido a lo LQTB recibe mucha exposición, y así fue que un día me hice la pegunta “¿Cómo se sentirá follarse a una trans?”. Esta pregunta se quedó en mi cabeza y con el tiempo mi curiosidad aumentaba. Un día me puse a ver fotos de travestis por internet y porno, hasta que supe con certeza que me encantaría follarme una transesual.

Esa fantasía se estaba por cumplir. A dos calles de mi trabajo se encontraba Lady Julia, una conocida casa travestis en Barcelona. Lo cierto es que me había puesto muy selectivo a la hora de buscar amante trans. Había un conjunto particular de características que me excitaban en una travesti: que sea lo más femenina posible, pasiva y lo más joven posible.

Una visita Lady Julia Travestis Barcelona

Rouse tenía lo que a mí me gustaba e incluso tenía cosas que yo no sabía aun que me gustaban. Apenas 1,67 cm, estaba completamente depilada, cabello algo largo y tenía un rostro muy femenino. Nos conocimos en un portal de encuentros y durante una de nuestras charlas me envió unas fotos íntimas con las que me dejó boquiabierto.

Toqué timbre y esperé a que me abrieran. No dejaba de recordar en mi cabeza esas fotos que me había visto en la web de Lady Julia. Apenas entré y lo vi comencé a sentir un cosquilleo en la polla.

—Pero que bien te ves!!! No sabes cómo me pone verte así!!—Rouse se sonrojó un poco.
—Ven! Pasa! Quieres tomar algo?
—Por el momento no. Gracias! —No he dejado de mirar tus fotos a diario!
—Pues que suerte para tí! Porque tu no me enviaste ninguna foto así que yo no tenía nada que mirar.
—Dime que quieres ver y te dejaré incluso tocarlo—le guiñé el ojo. Rouse se mordió el labio pero no se animó a decir nada.

Manos a la obra

La abracé y la besé. La polla se me venía endureciendo, pero en cuanto la besé se me puso como una roca. Su piel era muy suave. Todo su cuerpo era muy tierno. Era delgado pero también era carnoso, me gustaba porque había de donde agarrar. No me pude aguantar y mientras lo besaba llevé mis manos a su polla y se la apreté con fuerza y se la masajeé y se la manoseé mucho. Rouse suspiró varias veces y sentí su bulto duro bajo la tanga rozarme las piernas.

—Súbete a la cama!—le ordené. Me desvestí rápidamente, me acosté boca arriba y jalé de ella para que se suba encima de mí y continuamos nuestro beso ahora acostados en la cama. Rouse tenía una pierna a cada lado mío y sentía su erección tocar la mía. De un momento a otro Rouse comenzó a bajar sus besos. Primero me besó el mentón, luego el cuello, luego el pecho, luego el abdomen…

Una mamada sobresaliente

Sus labios cálidos y húmedos me hacían una cosquilla hermosa allí donde se posaban. Bajaba muy lento y hacía que me ponga muy ansioso a cada segundo que pasaba. Cuando llegó abajo esquivó mi pene para darme besos a los costados de la base del falo. Luego me chupaba la piel que rodea el falo y los testículos. Sus chupones se sentían exquisitos pero yo no aguantaba más y quería que me la mamase. Me lo estaba haciendo a propósito para que desespere y eso hacía surgir dentro de mí una tensión que ya había decidido descargar en su culo cuando me lo follase.

Finalmente tomó mi pene con las manos y comenzó a chuparlo. Yo suspiré mezcla de alivio y placer. Qué bien que mamaba! Quedé sorprendido. La mamaba mejor que muchas mujeres mayores de treinta e incluso de cuarenta con las que había estado. Tenía los ojos cerrados, pero en su rostro podía percibir lo bien que le hacía mamar. Como si estuviese satisfaciendo una necesidad básica para su cuerpo. Mi polla le entraba casi toda; y además no la rozó ni una vez con los dientes. Era un experta…

Un final inevitable

El placer de la mamada fue en aumento hasta que supe que me correría. Siempre había avisado a mis amantes que me iba a correr, pero Rouse parecía tan segura de lo que hacía, que me daba la impresión de que estaba constantemente lista para recibir la descarga. Entonces opté por no avisar.

Mi polla se puso más dura de lo que estaba y sentí como escupía chorros de semen con mucha fuerza. Rouse no interrumpió su mamada ni tampoco hizo mueca alguna cuando comencé a eyacular. Siguió mamando como si nada pasase. Sentía que no dejaba de correrme y Rouse se la iba tragando toda sin inconveniente alguno. Tras correrme estaba seguro que si no había sido la mejor mamada de mi vida, al menos estaba entre las tres mejores.
En cuanto soltó mi pene me miró fijo. Su cara angelical expresaba lujuria. Comenzó a subir por mi cuerpo dándome besos tal como había hecho cuando bajó. Cuando estuvo cerca de mi boca se abalanzó sobre mis labios. Me excitaba mucho su manera de desenvolverse, pues lo notaba bastante sumiso, pero por momentos actuaba por cuenta propia cuando ya no podía controlar sus instintos sexuales.

Entregado a los instintos sexuales

Nos besamos por varios minutos hasta que tuvimos que parar para darnos un respiro. Aproveché la oportunidad para incorporarme y me puse detrás de él. Rouse se acostó boca abajo y tomo una almohada la cual abrazó con fuerza. Me puse a jugar con sus nalgas, eran muy redondas, como las de una chica. Eran tiernas como todo su cuerpo, pero bien firmes. Le quité la tanga y me quedé observando su ano. Por primera vez veía la cola desnuda de un chico en vivo y en directo. Unos centímetros debajo de su ano estaban sus testículos que eran bastante pequeños en comparación con los míos. Su polla estaba escondida bajo su cuerpo…

Segundo asalto

Me acerqué lentamente y le fui dando besos en el culo. De un lado y del otro. Cada vez más cerca de su ano. Rouse suspiraba más y más a medida que me acercaba a su ano. Pero me tomé mi tiempo en llegar, tal como él había hecho al mamarme. Finalmente llegué y le di un beso en el ano. Rouse gimió suavemente al sentir mis labios húmedos. Le volví a besar. Luego le chupé el ano; extendí mi lengua y jugueteé con él; y finalmente empujé mi lengua para meterla dentro de su cola. No pude contenerme y al cabo de unos segundos ya le estaba chupando la cola con una lujuria desenfrenada.

Continuara…

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