Ganas de sexo después del confinamiento. 2ª parte

Preparado para penetrarla…

Mi polla ya estaba bien dura otra vez así que me preparé para penetrarla. Candy metió la mano entre el colchón y el respaldo de la cama y sacó un pote de lubricante anal y me lo extendió. Se aferró fuerte a su almohada y separó bien sus piernas para que pudiese penetrarla con comodidad. Pero yo tenía un plan distinto.

A nuestra derecha había un espejo de cuerpo entero, así que le indiqué a Candy que se pusiese en la misma posición mirando hacia el espejo. Quería verle la cara y su pechos bailando en el reflejo mientras la penetraba desde atrás.

En cuanto se acomodó nuevamente separó bien sus piernas y yo metí mi mano debajo de su cuerpo y tiré su polla hacia atrás. Quería que se le viese mientras la follaba. Su polla quedó trabada con el colchón apuntado en dirección opuesta.

Un poco de lubricante

Le puse lubricante en la culo y en mi polla. Agarré una nalga con cada mano, la separé un poquito para exponer bien el ano y comencé a penetrarlo lentamente. Candy suspiraba profundamente a medida que entraba mi polla. Era bastante silenciosa en la cama, pero podía ver en su rostro que el placer que sentía la estaba embriagando. Cuando terminó de entrar y empujé con fuerza entonces sí dejó escapar un gemido.

Retiré un poco la polla y la volví a meter hasta el fondo, y Candy volvió a gemir. Así me entretuve un par de minutos mientras miraba su rostro en el espejo. Estaba como estático con la boca semiabierta y sus ojos estaban entrecerrados con la mirada perdida. No veía sus pupilas, solo veía el blanco de sus ojos. Candy ya estaba viendo las estrellas.

Solté sus nalgas, me recosté sobre ella, la envolví con mis brazos y puse mi rostro al lado del suyo. A pesar de que tenía puesto un babydoll y medias de red hasta arriba de la rodilla me gustaba sentir tanto contacto de piel mientras la follaba. Sin llegar a aplastarla, dejé caer todo mi peso para que se sienta totalmente sometida e indefensa sin posibilidad de moverse. Su cuerpo era tan pequeño comparado con el mío.

Ella no dejaba de suspirar

La continué follando en esa posición. Mi polla estaba todo tiempo completamente dentro suyo, pero yo me movía empujando con fuerza y Candy no dejaba de suspirar y cada tanto gemía. Su rostro estaba aún más desfigurado por el placer. Tenía casi media lengua afuera de la boca y pude ver una gota de saliva chorrear por la comisura de sus labios. Sus ojos seguían igual de perdidos.

—Te gusta que te folle un macho verdad??—le dije en tono lascivo, pero no contestó.—¿Te gusta? ¿verdad que sí? Aumenté bastante la fuerza de la penetración al repetir la pregunta y Candy gimió, pero no contestó. Le sujeté el pelo con firmeza y le tiré suavemente para atrás a la vez que le penetraba con más fuerza aun, ya casi llegando a mi límite. Le repetí la pregunta, pero siguió sin contestar. Su mente estaba perdida en el placer. ¿Acaso era posible que no me escuchase a pesar de estar hablándole a 1 cm de su oído? ¿O será que me escuchaba y quería contestar pero al estar desbordado de placer había perdido el control de su cuerpo, incluida la capacidad del habla?

Su culo se cerraba y me apretaba mucho mi polla

Lo cierto es que al verla en tal estado de trance me dio bastante ternura. Sin reducir en lo más mínimo la intensidad de la penetración, acerqué mi boca a su oído y comencé a chupárselo. Comenzó a gemir suavemente mientras le chupaba el lóbulo y jugueteaba con mi lengua dentro de su oreja. Sus gemidos fueron en aumento hasta que se hicieron muy ruidosos. Algo había cambiado. Vi como sus manos se cerraban apretando la almohada con todas sus fuerzas, gemía sin consuelo y su culo comenzó a resistirse a la penetración, se cerraba y me apretaba mucho la polla. No me cabía duda de que se estaba corriendo. Esos gemidos delataban un placer agónico. Por la forma de gemir, o más bien gritar, no parecía la misma persona que hacía unos segundos.

De a poco sus gemidos se apaciguaron y su ano se relajó. Tendió su cara sobre la almohada y se quedó suspirando y jadeando. Por mi parte, yo estaba al borde de la eyaculación. Esa presión de su culo sobre mi pene era el estímulo que me faltaba. La abracé con fuerza, empujé bien hasta el fondo y me corrí como nunca.

Un gran charco de semen

Una vez terminé me arrodillé y se la saqué. Su polla había perdido la erección y ahora era súper pequeña. Sin embargo había un gran charco de semen. No podría creer que tanto semen saliese de esos testículos tan pequeños. Mientras lo observaba mi semen empezó a salir de su ano y a inundar la cama.

Me hice a un costado y me tiré boca arriba respirando agitado. “¿Qué experiencia dios mío!!”, pensé, “no puedo creer que me haya estado perdiendo de esto durante toda mi vida”.

—Por que no vas a buscar un champán que hay en la heladera y me esperas a que te llame para entrar. Te tengo una sorpresa.—Había una sonrisa pícara en su rostro.

Fui a la cocina, saqué el champán de la heladera, tomé dos copas y esperé a que Candy me llamase. Una vez me llamó y entré a la habitación casi se me cae el champán al piso de la sorpresa. Candy me esperaba vestida de colegiala. Camisita blanca, corbata roja, faldita escocesa roja (muy corta) y medias de red blancas. Por último se había cambiado el labial negro por uno rojo.

Una noche de record

Aquella noche batí mi record con seis folladas. Candy se corrió en tres de las seis. En una ocasión, al borde del orgasmo, su estado de confusión mental, debido al placer, era tal que se le escapó un “te amo”. Por supuesto que ambos sabíamos que no era cierto, pero me excitó aún más escucharle decir eso, pues lo que si era verdad es que en una sola noche se había enamorado de mis folladas.

Este fue solo el inicio de mi historia con Candy, que sería mi amante por años, incluso cuando ambos nos pusimos en pareja, yo con una mujer y élla con un hombre. Uno masculino y activo como yo, pero que según sus propias palabras no me llegaba a los talones en la cama. Por eso no podía dejar de verme. Y yo ya no podía contentarme con solo acostarme con mujeres. Por el resto de mi vida siempre iba a necesitar tener alguna amante travesti.

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