El socorrista y la travesti, parte 2

Sus manos pasaron a acariciarme por delante, una agarró mi pene y la otra acariciaba mis huevos. Su rabo durísimo se había deslizado por mi perineo y su glande me rozaba el escroto desde atrás. Cuando clavó sus dientes en mi cuello en un mordisquito y sentí su lengua rozando mi piel y mi oreja ya no pude contenerme mas. Mi semen roció la pared que tenia enfrente.

-¡Uffff!, ibas cargado. Me dijo lamiendo mi oreja.

-Es que tu me has puesto muy cachondo.

Respondí sin dejar de mover el culo suavemente adelante y atrás con su polla apretada entre mis muslos.

-¿Yo?, O el grupo de jovencitas con esos bikinis tan pequeños a las que no les quitabas los ojos de encima. Mira que estaban buenas ¿Eh?

¡Vaya! Pillado en falta. Pero eso significaba que ella si se había fijado en mí, y en ellas.

-Tu bikini no es mucho mas grande que los de ellas y a ti te sienta mejor.

-Como sigas así te voy a mojar los huevos con mi lefa.

Me decía lamiendo mi oreja.

-¿Y que quieres mojarme con ella?

-Algún sitio mejor. ¿La quieres en la legua o en este culito tan duro que estoy notando?.

-Para dureza lo que que estoy sintiendo yo. Pero hazlo donde quieras.

Levanté los antebrazos y los apoyé en la pared, inclinándome un poco. Le dejaba claro que tenía vía libre para darnos placer. Se separó un poco y lo siguiente fueron sus manos en mis nalgas amasándolas y separándolas pero sin dejar de besar lamer y morder mis hombros, axilas, nuca y cuello.

El duro rabo ya se deslizaba por mi raja buscando con el glande mi cerrado ano. Pero de eso se estaba encargando ella, con la espuma del gel y sus hábiles dedos empezó a hurgar en el agujerito que pronto cedió a sus manipulaciones.

No se si bastará mi pobre habilidad para describir apropiadamente lo que sentía en ese momento. Era a la vez un montón de agujas clavándose en mi interior cuando profundizaba y descargas de placer recorriendo mi espalda y muslos hasta la base del cerebro.

Cuando me había metido dos dedos, por lo que me dijo, lo siguiente que envió fue su polla directa a mi interior. Un gemido se escapó de lo mas profundo de mi garganta. Doblé la cintura y arqueé la espalda para facilitárselo apoyándome con las manos en los azulejos. Con la lubricación que ya me había proporcionado entró sin demasiadas dificultades hasta que cada vez que daba un golpe de cadera notaba sus huevos golpeando los míos. El agua seguía cayendo sobre nuestros cuerpos. Yo me había inclinado lo suficiente para facilitar la penetración y me sostenía la pared y ella me sujetaba con una mano en mi hombro y otra en mi cadera follándome como si no hubiera un mañana.

Mi rabo volvía a tomar consistencia con todo lo que estaba sintiendo. Me recuperaba rápido. Aunque normalmente haría falta algo mas de tiempo, el morbo de la nueva situación me había excitado sobremanera. Con una de mis manos ayudaba a que se endureciera de nuevo y cuando ella me llenó el culo de su semen, lo que no tardó mucho, yo estaba de nuevo en condiciones.

Me había prometido entregarme su culo pero para entonces se le estaba haciendo tarde. Pero ella no podía dejarme así, no era tan cabrona. Sin dejar que me moviera fue besando y lamiendo mi espalda bajando hacia mi culo. Era sinuosa, pronto clavo en mi ano su lengua juguetona recogiendo en ella el semen que salía de mi abierto agujero y que el agua de la ducha aún no se había llevado. Pasó lamiendo por mi perineo entre mis piernas hasta que su boca se apoderó de mis testículos masajeaba mi polla aprovechando el agua que aún caía sobre nosotros y cuando quise darme cuenta tenía mi órgano clavado hasta la garganta. Yo no había podido hacer eso con ninguna de las pollas que me había comido antes.

Yo no podía mas que dejarme hacer, era una experta mamadora. El gusto que me estaba dando hablaba por si mismo. Sin dejar de pasar la legua por mi pene seguía jugando con mis huevos que a veces también lamía o seguía clavando sus dedos en mi recién estrenado culito. Aunque si había comido alguna polla nunca había podido tragármela hasta el punto al que ella llegaba con la mía. Yo me conformaba con lamer el tronco y los huevos y meterme el glande en la boca. Y los que me lo habían hecho a mi solo tenían el mismo dominio que yo. Y aunque penséis lo contrario, sí, era la primera vez que algo tan duro, caliente y sobre todo vivo pasaba por mi puerta posterior. Hasta ahora siempre había follado yo los culitos con los que hacia el amor.

Yo intentaba acariciarla, solo eso sin intentar follarle la boca, que a mi me desagrada. Pero no alcanzaba mas que su melena y carita, aún así ella agradecía el gesto clavándose más mi rabo. Debía empezar a pensar que yo era eyaculador precoz pues sus manipulaciones me llevaron sin tardar mucho de nuevo al orgasmo. Y es que me estaba dando una muestra de maestría en el arte de la felación como nadie había hecho antes. Me tenía excitado a tope.

Pude avisarle que me corría de milagro, pero no le importó, es más creo que redobló sus esfuerzos hasta que me derramé sobre su lengua. No se limitó a tragarlo, se levantó con mi semen en su boca y me comió la mía. Las dos lenguas jugaban con mi leche y nuestras salivas. Yo no dejaba de acariciar su bello cuerpo y su suave piel. Y sus manos seguían acariciándome con ternura.

Terminamos de ducharnos, a ella se le estaba haciendo tarde. Se limitó a sacarse un poco el agua de encima y vestirse con una corta falda y un top.

Le abrí la puerta y la contemplé alejarse por la soleada avenida meneando el prieto culo y la mojada melena.