En busca de nuevas sensaciones. Parte 1

Tuve una época en que mis mayores placeres se daban en situaciones poco ordinarias, en la búsqueda de nuevas sensaciones, en la experimentación y en la adrenalina mórbida que daba el aventurarse en lugares insospechados o compartir momentos de placer con personas desconocidas con la misma inquietud sexual que yo.

En una ocasión me dirigí a una casa de masajes en Barcelona, que tenía la fama de contar en su equipo con guapas travestis. Me excitaba  la idea de juguetear con “alguna” después de una temporada de encuentros usuales sin novedad y con cada vez menos emoción, quería algo más caliente, más divertido, quería encontrar una nueva experiencia inolvidable…

Había ya recorrido muchas páginas de internet y me había masturbado hasta el cansancio viendo videos y definiendo mis propios gustos al explorar este mundo que aún no había tenido la oportunidad de experimentar en carne propia.

El primer encuentro

Acudí un viernes por la noche después del trabajo, estaba decidido a probar esas delicias y a derrochar placer si fuese posible todo el fin de semana. Una puerta se abrió a la altura de cara y un par de ojos verdes enmarcados en unas sombras negras y brillos me miro de arriba abajo, cerrando nuevamente la puertecilla y abriendo la puerta.

Era una monumental belleza de cabellera morena y rizada, labios rojos carnosos que me regalaron una sonrisa, su piel bronceada brillaba como “bañada en oro” bajo las luces rosas de neón de la salita de espera que estaba decorada con un gusto exquisito, el aroma a incienso se colaba en mis sentidos.

La alfombra negra y peluda le daba un toque acogedor, mi ojos empezaron a explorar a mi anfitriona, su escote abierto como las alas de una mariposa permitían ingresar la vista para vislumbrar los firmes pechos que elevaban la translucida blusa roja que llevaba. Una minifalda de cuero negro entallaba sus muslos gruesos y formados y los tacos rojos le daban la postura y elevación a una cola en la que quisieras morir ahogado.

Visita sin cita a la casa de masajes en Barcelona

-¿Tienes una cita? Me pregunto…

No, respondí, me comentaron de este sitio y decidí venir hoy, espero me puedas atender, lo dije con la intención de que mis palabras sonaran como si dijese otras.

Sonriendo mientras llevaba uno de sus rizos hacia atrás de la oreja me contesto, yo no soy de las que dan los masajes, pero tienes suerte hay masajistas disponibles en este momento, ¿Puedes llenar este registro por favor?

Me alcanzo una tabla con papeles y un bolígrafo – Toma asiento y avísame cuando termines.

Me senté en uno de los sillones de cuero, de esos donde al posarte sientes que te sumerges hasta el infinito, mientras ella regresaba a su lugar detrás del mostrador mis pupilas imitaban el ritmo con el que sus glúteos se turnaban a cada paso, en esa pequeña falda no cabía ni un cabello de lo ceñida que estaba.

Un cuestionario interminable

Empecé a leer el cuestionario y me intrigo lo minucioso e inusual que era, además de los datos obvios como numero de documento, nombre, había preguntas más íntimas, poco frecuentes en este tipo de lugares.

Opciones como: Casado o soltero, gay, bi , homo u otros…¿Con que frecuencia tiene sexo? ¿Disfruta del sexo oral? ¿Disfruta del sexo anal? ¿Prefiere penetrar o ser penetrado? ¿Cuál es su fantasía?…

Trate de ser lo más honesto y descriptivo posible, complete lleno de curiosidad cada uno de los espacios, sintiendo una calentura única con cada palabra que leía, hasta ahora estaba excitado después de que mi imaginación se disparase al leer esos papeles ya me encontraba oficialmente caliente.

– He terminado, le dije…

Se acercó trayéndome en esta ocasión una taza de té verde.

Mientras le daba sorbos al caliente liquido ella leía mis respuestas esbozando una sutil sonrisa y mordisqueando sus largas uñas color sangre.

– Espere aquí un momento por favor, puede darme sus pertenencias para guardarlas mientras regreso, le di el morral que siempre cargo donde introduje cosas como cartera, teléfono, dinero y llaves.

Mientras me alcanzo una tarjeta y me dijo – Nuestro servicio es muy exclusivo, esta es la tarifa por la sesión- Miré la tarjeta y con cierta arrogancia le respondí que no había problema, hasta ahora esta experiencia me tenía más que interesado, decidí ir a por todo y saber que estaba por venir…

Una difícil elección

Ella ingreso a la recamará contigua y unos 20 minutos después regreso con 5 damas de aspecto muy diverso detrás de ella…

– ¿Qué tipo de masaje le gustaría recibir?

Todas ellas están entrenadas para satisfacerlo completamente y no me refiero sólo al sexo, claramente aquí no estábamos para juegos pensé, todos sabemos que esto terminaría en mi explosiva eyaculación sobre los labios de alguna de esas preciosidades.

– Todas han leído su perfil y estas son las más idóneas para cumplir sus fantasías además de ofrecerle un masaje reparador y muy profesional, cuentan con los estudios necesarios.

Este ramillete de placeres se veía muy jovial, divertidas, amables, sonrientes y entusiastas, lo interesante es que parecían tener un uniforme, un vestido corto y sencillo en color blanco ceñido al cuerpo que dejaba apreciar sus líneas, sus curvas y sus “dotes”.

La primera impresión fue buena

Estaban ubicadas de manera muy particular, las más altas y morenas se encontraban a los extremos. Ambas bellísimas y más altas que yo, con pechos duros como tetas y piernas muy bien trabajadas. Entre sus piernas asomaban enormes “paquetes” que por lo ajustado del uniforme marcaban perfectamente las dimensiones de testículos y polla con la que contaban.  Eran impresionantemente grandes; le seguían hacia el interior del grupo otro par de preciosidades.

Del lado derecho una de piel blanca como la nieve de cabello rojo encendido y ojos azules, con un cuerpo exuberante y muy apetecible que cuando hacíamos contacto visual se mordía los labios intentando provocarme más.

Al lado izquierdo una morena latina de piel de bronce y ojos de miel que hipnotizaban, de un soplido se apartaba el cerquillo y sonreía dándole mayor gloria a su más que fina y exótica belleza; en medio estaba un diamante, una pequeña asiática de rostro precioso y de cuerpo atlético muy bien trabajado y deliciosamente formado.

Además de una cabellera negra y larga hasta la cola, sus pezones marcaban su ubicación efusivamente a través del vestido y su polla, de muy buen tamaño, daba ligeros latidos en señal de encontrarse en una situación con mucha carga sexual.

Verlas en otra posición

Me gustaría verlas de espaldas, dije, ellas voltearon levantándose al unísono los vestidos y dejando ver lo que para mí quedará grabado para siempre en mi alma. 5 culos de los más perfectos que podría encontrar en la vida. Era como estar frente a dios… Todas curvaron sus espaladas y separaron sus piernas dejando que sus testículos y pollas colgaran…

Sus glúteos con una redondez y brillo perfecto me dejaban ver las joyas de anos que tenían. Todos prístinos, impecables palpitante, deseosos de sentir mi gruesa polla entrar a través de ellos.

Pero hubo una que me grito más fuerte, no era el tamaño o la forma, era quizá el tatuaje que asomaba un poco más arriba de donde iniciaba la línea divisoria de las nalgas. Era “el diamante de asía” que adornaba su cola con un tatuaje de un triángulo dentro de un circulo. Un tatuaje simple, de líneas negras sobre su cremosa piel, el gráfico coronaba el culito de durazno que tenía y su huevos y polla carentes de vello alguno asomaban por lo bajo creando un espejismo que me cautivo…

A mi espalda escucho la voz de la anfitriona que audazmente paso sus manos por detrás mío acariciando mi polla y sintiendo con los dedos su dureza y grosor –Creo que ya has elegido- me dijo…

-Por supuesto, le susurre…

Contacto visual mutuo.

Las damas se voltearon hacia mi acomodándose nuevamente el vestido, una a una se fueron acercando y plantándome un efusivo beso francés me apretaban la polla sobre el pantalón, sólo quedo mi “diamante de asía” con quien no dejábamos de mirarnos mientras las otras se retiraban. Su sonrisa era hermosa, su atlético cuerpo se estiraba y contoneaba incitando mi morbo y dándome un placer psicológico antes que carnal.

La anfitriona deslizo el vestido de mi elegida hacia arriba, dejándola totalmente desnuda.

-Ahora que ha elegido puede verla en todo su esplendor- dijo.

Recorrió con sus dedos el cuerpo y apretó los pezones duros y erectos. Bajo por las caderas y empezó a masturbarla como pretendiendo mostrarme su verga en toda dimensión. Le beso el cuello y se fusionaron en un beso que me erizo la piel de placer, abriéndoles las nalgas acarició su muy fino ano mientras me miraba fijamente buscando complicidad.

– Pueden pasar a la sala de terapia- dijo, mientras abría una habitación con un gran número 3 en la puerta.

El diamante de Asia me cogió de la mano y juntos atravesamos el umbral…

Continuará…

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