En busca de nuevas sensaciones. Parte 2

Nos encontrábamos en una sala más que acogedora, con luz natural que proveía un tragaluz, la habitación era limpia y con una ambiente zen muy acogedora, a un lado separada por mamparas de vidrio se encontraba una ducha que podría albergar a más de 4 personas.

La música relajante y los aromas invitaban a la perversión

De fondo una música relajante y unos aromas sublimes invitaban al trance de la perversión. Lorena se mantenía en silencio, con una sonrisa lívida se apresuraba en quitarme la ropa. Pprimero la parte de arriba, acariciando sensualmente el vello de mi pecho para después arrodillarse frente a mi mientras me ayudaba a sacarme los pantalones…

Mi polla dio un salto hacia su rostro, sus ojos se abrieron de par en par y me miro complacida y deseosa. Su lengua humedecía su labios y con la punta de los dedos recorría toda la envergadura, deteniéndose en cada pliegue, en cada vena hinchada por la sangre que hervía en su interior.

Sentía su cálido aliento fluir por mis testículos, por el tallo y el prepucio que cubre mi más que inflado glande. Sin metérsela en la boca jugaba a calentarla más a llevarme al límite de la resistencia, cogiéndola con una mano me dirigió a las duchas donde sin soltarla abrió la caída de agua tibia y nos colocamos debajo.

Una excitante ducha

El agua recorría nuestros cuerpos y ella me enjabonaba sin dejar de masturbarme con la suave esponja. Su largo cabello negro parecía una serpiente que nadaba en su espalda, marcando la curvatura hacia sus firmes glúteos. Su polla circuncidada bailaba al son del movimiento de su cuerpo al enjabonarme, estaba encandilado, era un ritual maligno, me encontraba a su merced…

En el interior de la ducha había una banca pequeña en forma de “H”, me pidió que me sentara mientras se dirigía atrás mío, se arrodillo y la forma de la banca permitía que ella pudiese pasar su mano por debajo y acariciarme el ano y los huevos.

Dos vergas bien duras

Quede sentado mientras veía sus delicadas manos recorrer de arriba abajo todo el tronco de mi verga, con ambas palmas tanteaba el peso de mis testículos y estimulaba con roces mi esfínter haciendo mi erección aún más grande.

El agua empozada debajo nuestro creaba un espejo a contraluz donde podía ver la silueta de su verga dura de excitación también. Se posiciono delante pegando su cuerpo al mío y deslizando su polla sobre mi pecho hasta que ambas quedaron juntas duras tocándose y nuestras narices se rozaban.

Empezó a menear el cuerpo para aumentar la frotación de nuestros miembros, su silencio me calentaba aún más solo expresaba suspiros y jadeos de histriónica inocencia. Cogí sus nalgas y las empecé a masajear, a abrir, a expandir, mis pulgares recorrían su anillo el cual sentía caliente, ella lo contraía y daba la sensación de estar latiendo.

Nos dejamos levar al desenfreno

Se puso de pie frotando su verga en mi rostro, yo también se jugar y no se la iba a comer tan deprisa, la obligue a descender lentamente y erguí fuertemente uno de mis pulgares para que la esperara mientras cogía la posición de sentada sobre mis rodillas.

La punta de mi dedo encajo perfectamente en su orificio y ella me miro sorprendida pero no se detuvo, siguió sentándose y mi dedo la fue penetrando cada vez más hasta estar completamente en su interior, siguió con el meneo y los saltitos, parecía estar haciendo el amor con mi dedo. Empecé a lamer y succionarle las tetas y ella a besarme el pecho y el cuello.

Era deliciosa y quería poseerla

Todo este desenfreno dio como resultado un pasional beso, de esos que más que besar devoras mientras acaricias, mientras masturbas, mientras excitas.

Era deliciosa, la quería poseer ya. La coloque para penetrarla y sentirnos fusionados de una vez pero me detuvo. Alargo el brazo, apago la caída de agua y me llevo de la mano al recinto donde nos esperaba una especie de camilla redonda y amplia. Más como colchonetas plásticas muy de estilo japonés en el suelo.

Me empujo y recostado, secó mi cuerpo con las toallas, sin dejar de masturbarme. Yendo de un lado al otro, meneándome el culo en la cara y rozando su cuerpo con el mío.

Acerco unas vasijas de madera que contenían aceites corporales y me embadurno de pies a cabeza utilizando su propio cuerpo, dejándose resbalar sobre mí  y quedando ambos totalmente aceitados y escurridizos.

Un masaje delicioso

Inicio un masaje por mis hombros sentada en mi pecho, sus bolas y polla me tocaban el mentón y yo jugueteaba con la barba haciendo le cosquillas en su rosado glande. Esto le provocaba una risa y unos ligeros espasmos.

Se recostó de espaldas sobre mí y se deslizaba hacia abajo haciendo que mi polla se encaje entre sus nalgas, era un masaje nuru. Cambiamos la posición y ahora yo boca abajo, ella estrujaba fuertemente los músculos de mi espalda obteniendo mi relajación completa. Tuve que llevar la polla hacia atrás ya que la erección era incomoda.

Llego a mis glúteos y enérgicamente los froto separando cada vez más mis nalgas y pasando su polla entre ellas. Su glande rozaba mi ano y eso me producía aún más placer, con la barbilla recorría mi pene de arriba abajo, hasta que su lengua empezó a juguetear… Pequeñas “lamiditas”, que iban entre mis nalgas, pasando por mis bolas hasta llegar a la punta de mi polla.

Me toca a mi tomar las riendas

Se recostó sobre mí y se acomodó para tratar de penetrarme, antes de que lo hiciera, me gire y le dije –Me toca tomar las riendas a mí. Aprovechando la diferencia de tamaños y sin mucho esfuerzo la giré completamente quedando sentado yo y ella recostada con su culo frente a mi cara.

Aproveche su flexibilidad, le abrí las piernas y la empecé a violar con mi lengua. Algo que quería hacer desde que me mostró su voluptuoso culo en el momento de escogerla.

Lamí y lamí su ano y sus bolas hasta que su polla estaba completamente erecta. Entonces empece a chuparsela y su silencio fue roto por gemidos de placer incesante.

Su leche cayo sobre su cuerpo y sobre mi rostro

Regrese a su ano, mientras mi manos intentaban mantenerla en la misma posición. Apretaba sus tetas y la masturbaba, haciéndola correrse como un géiser acompañada de eléctricas convulsiones.

Las gotas de semen caían sobre su cuerpo y sobre mi rostro, se abalanzo sobre mí y me beso furiosamente mientras lamia todo su leche de mis mejillas. Me empujó hacia atrás con una fuerza irreconocible y me la empezó a mamar como si su vida dependiese de ello. Masturbaba con las dos manos el tronco y succionaba ansiosamente el glande hinchado de sangre.

Sin dejar de hacerlo me miraba y su mano hizo la forma del número “1” con un dedo.

Estaba listo para penetrarla

Quería cogerla, quería penetrarla y estaba listo para hacerlo. La cargue y la coloque frente a mi elevando su cadera arrodillada y dejando caer su rostro y hombros al suelo. Pase la punta de mi polla por su ano, calentándola, su polla aún escurría semen pero era mi turno.

Le introduje la cabeza y empecé a menear la pelvis de manera circular para agrandar su estrecho orificio. Empezó a gemir rápidamente hasta que la penetre, duro fuerte, hasta el fondo mi polla entera yacía dentro de ella que temblaba y se movía como queriendo más. Le di ritmo, hacia adelante y atrás, adelante y atrás con intervalos para que se recuperara y disfrutase. Cosa que no tomo mucho tiempo, su polla volvió a estar dura nuevamente, y mis bolas chocaban con las suyas… Y le di más y más.

Su cuerpo de “perita” parecía apretarme, estuvimos un buen rato así hasta que esa sensación de estallido interior recorrió mi espalda, me estaba corriendo, la saque rápido y me derrame sobre su largo pelo negro, parecía una noche llena de estrellas blancas.

Una conexión sexual increíble

Me miro desde su posición y con la mano me señalo el número ”2’”, me tumbe hacia atrás con la polla aún caliente y escupiendo rezagos de placer, ella se la metió a la boca y la devoró lentamente por cada forma y pliegue.

Disfrutábamos de nuestros miembros

La levante e iniciamos un “69” largo y amoroso, con ternura y delicadeza disfrutábamos de nuestros miembros y explorábamos nuestros cuerpos con las manos. El aroma de incienso y la música de fondo albergaban nuestras pasiones y mi deseo no disminuía. Era hermosa, era sexy y lujuriosa, nos gustaba el vicio y había surgido una conexión sexual increíble.

Quede recostado ella se levantó y quedo de pie sobre mi mientras se masturbaba mirándome, cogió la vasija de aceite y la derramo íntegramente sobre mi polla, que parecía una enorme cuchara en un tarro de miel.

Seguidamente la acaricio hasta darle nuevamente rigidez y se dejó caer pesadamente siendo penetrada de un solo tirón soltando un grito e iniciando su cabalgata.

En ese instante la puerta de la sala se abrió y desde ahí nos miraba la anfitriona que me dio la bienvenida y tomo mis datos. Recostada en el marco de la puerta, se llevaba los dedos a la boca y su mirada se perdía en el chapoteo del aceite que provocaba el choque de la verga de mi amante con mi abdomen.

– ¿Puedo mirar? Pregunto…

 

Continuará…

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