Apagón en el metro

Llovía a mares, el día era gris pero no podía faltar a la cita, aquel encuentro prometía ser muy especial, el chico era muy interesante, parecía poseer algo más que un simple rostro bonito, aunque la realidad aún estaba por descubrir, debíamos conocernos frente a frente y dejar ya de lado, nuestra relación telemática. Me llamo Lorena, soy una travesti brasileña pero estoy viviendo en Barcelona desde hace unos meses. Me fascina conocer gente nueva, a ser posible de mentalidad abierta y os voy a contar que sucedió, el día que fui al encuentro de un chico que conocí mediante la red.

No suelo viajar en transporte público, pero se me hizo tarde, y pensé que viajar bajo tierra con el metro, (sin semáforos que me detuvieran y sin tener que soportar esas interminables caravanas que veía cada día, debido a que tanta gente regresa de su ocupación a esas horas) sería la mejor alternativa, a pesar de que en los días de lluvia, las probabilidades de que el transporte público no funcione correctamente son mayores. Así que agarre un paraguas y me fuí a la estación de metro más cercana a mi casa.

Antes de salir a la calle me había estudiado bien la combinación de lineas que debían llevarme a mi destino, y era necesario hacer un transbordo de la linea roja a la verde, pero todo ello (según mis cálculos) no me iba a llevar más de media hora.

Entré en el vagón y me senté junto a una chica, de más o menos mi edad, me sentía relajada, para nada incómoda pero en unos minutos, ocurrió algo que acabó con mi tranquilidad, la chica se bajó en la segunda parada y ocupó su lugar un chico, de más o menos también la misma edad. Era atractivo, su cabello estaba erizado y vestía con una camiseta de sisa, que mostraba un tatuaje de gran tamaño en su brazo izquierdo, el cual ocupaba desde el hombro hasta el codo. No estaba segura de cual era el motivo que me creaba aquella inseguridad, era una especie de sensación de peligro, como si su aspecto mostrara cierta agresividad, pero a la misma vez sentía una atracción sexual hacia él, que fácilmente podía ser la causa de mi nerviosismo. Me encontraba en una postura muy rígida, con la cabeza mirando al frente, aunque con el rabillo del ojo lo observaba y hacía mis valoraciones:

-”La verdad no está nada mal. Tiene un aspecto rudo, pero bello y además su olor es agradable, no huele a ningún perfume en concreto, pero si tiene una olor muy particular.”-pensé.

Él también dirigía su mirada hacia adelante y la mantenía como si estuviera analizando algo o alguien, en un acto reflejo busqué hacia donde dirigía su atención y ví que los dos nos reflejábamos en la ventanilla de enfrente. Él viendo que yo le descubrí, esbozo una sonrisa, provocando la mía y de repente el vagón freno bruscamente, nos tambaleamos y nuestras cabezas chocaron.

–¡Uy!- Exclamé.

–Lo siento… –me dijo– …es que ha sido tan fuerte, que no he podido…

– ¡Ah! no pasa nada… no me dolió. Pero, que frenazo tan fuerte ¿ verdad ?– le pregunté.

–Sí, realmente fuerte. Es que estos días así, con estas lluvias, siempre acaban afectando al transporte…

Y sin que el pudiera terminar su frase, la luz despareció, nos quedamos casi en completa oscuridad y con el tren parado.

–!Vaya ¡ no puede ser- me lamenté.- Precisamente hoy, para un día que me decido a utilizar el metro.- le dije a la vez que golpee mi bolso sobre las rodillas.

–¡Bueno¡ parece ser que deberemos tener paciencia, y esperar a que el tren vuelva a tener corriente pronto- me dijo.

–!Buf, que rabia!– Exclamé.

Entonces noté algo sobre mi rodilla derecha, un calor suave, estaba poniendo su mano sobre mi pierna, pero yo era incapaz de articular palabra, me quedé sin poder de reacción, era una situación tensa, pero tampoco me molestaba tanto, quizá las circunstancias habían propiciado todo aquello por algo y así tenía que ser. Algo debía de ocurrir, no podía quedarme quieta, y se me ocurrió tirar el bolso al suelo, simulando que se me había caído. Así que me levanté del asiento y me puse a buscar el bolso en la oscuridad, me incliné y descubrí con el tacto que todo lo del interior del bolso se había desperdigado por el suelo, eso me iba a llevar un buen rato recojiendo.

Mientras me encontraba agachada, no podía evitar notar su presencia a mi espalda, me suscitaba nerviosismo pero a la vez, me provocaba una sensación morbosa, me excitaba imaginarme a ese chico besándome en la oscuridad, imaginaba sus brazos tatuados alrededor de mi cintura, agarrándome fuertemente mientras me besaba.

Tras varios minutos con el tren parado, la poca gente que se encontraba en el vagón, empezaban a intranquilizarse y se establecían diferentes conversaciones entre viajeros, el silencio desapareció y podían escucharse como cuatro charlas a la vez, en cambio el chico y yo seguíamos callados.

Una vez que conseguí devolver todo lo caído al interior del bolso, me puse en pie con la intención de volverme a sentar, pero al sentarme lo hice sobre las piernas de él, sin intención ninguna, pero así ocurrió, me quedé pasmada, sin habla, pero también sin reacción, causa que motivó que él lo interpretará cómo una declaración de intenciones y respondió a mi error abrazándome por la cintura. No sé lo que debía de haber hecho, pero sé lo que hice, me dejé llevar, aquello estaba ocurriendo y no me molestaba, solamente me sorprendía, pero la sorpresa no me parecía motivo suficiente como para detener sus manos, entonces él interpretando mi entrega, empezó a subir sus manos lentamente hasta llegar a mis senos y los empezó a acariciar con suavidad, los masajeaba y rodeaba en circulo dibujando los pezones con las yemas de los dedos.

Mi respiración se aceleraba, apenas podía tragar saliva, mis labios estaban secos y podía sentir como mi sangre corría por todo el cuerpo a gran velocidad. Él mantuvo su mano derecha sobre mi pecho derecho y la otra mano empezó a deslizarla por mi tórax hacía abajo, yo no podía más que abandonarme a aquel momento y seguía presa de aquel depredador, cuando el acerco sus labios a mi oído y me susurro:

–No te parece fantástico, tu y yo disfrutando y toda esta gente siendo ajena a lo que sucede. ¿Verdad que tienes mucho más que ofrecerme? te voy a hacer gozar…–

Podía sentir su aliento caliente y húmedo pegado a mi oreja, el susurro me puso toda la piel de gallina, y no me apetecía otra cosa que abandonarme a su merced. La mano deslizada llegó a destino, tocó mis genitales sin aparente sorpresa, (quizá ya había descubierto o sospechado mi sexualidad cuando me estuvo observando), su habilidad con ambas manos era sorprendente, la indecencia con las que la manejaba, y la fuerza que aplicaba sobre mis pechos iba progresivamente aumentando.

La combinación de besos por la nuca, junto con los tocamientos me llevó a un estado tal de excitación, que aún a riesgo de ser descubierta, le aparté de mi y me arrodillé, quedando postrada a sus pies. Empecé a palpar aquel pantalón vaquero, pero no era necesario, el mastil de aquel velero ya estaba gobernando, así que abri la bragueta, su erección era tan dura que antes de que me diera tiempo de agarrarlo entre mis manos, el falo ya me había golpeado la mejilla, no era necesario utilizar nada más que la boca, mientras mis manos se apoyaban sobre sus piernas. A pesar de la apetencia tan feroz que tenía de introducirme todo ese miembro entero, empecé por lamerlo despacio, y darle pequeños besos alrededor del glande, hasta que me pareció el momento de tragar profundamente esa verga. Él me agarro la cabeza con ambas manos y empezó a marcar un ritmo lento, pero profundo, sin duda aquella situación en la que el tacto y el olor prevalecian sobre la visión, le añadía un morbo único a aquel acto.

Los dos gozábamos y procurábamos contener el jadeo, al sabernos rodeados del resto de pasajeros, pero eso no hacía más que aumentar la excitación. Cada vez me agarraba más fuerte y el ritmo iba en aumento, estaba a pocos grados para la ebullición, las rodillas se le aflojaron y estiró ambas piernas, en un signo evidente de rendición, su tensión iba a términar en pocos segundos, la saqué de mi boca y mientras movia la mano masturbandolo le lamía toda la punta.

–¡No puedo más!– me susurraba. – ¡Que ya no aguanto más!
–¡Si! no te preocupes .- le dije en tono muy bajo.
–¡ahh, ahh!– Se lamentaba con un tono contenido, mientras dejaba ir todo lo acumulado durante los minutos previos. Recibí su néctar sobre mi cara y mis labios, y rápidamente me ofreció un pañuelo, se inclinó hacia mi y me dijo:–Toma, límpiate. Me ha encantado, me gustó mucho.

Los nervios se apoderaron de mi, pues por unos minutos había perdido la consciencia de encontrarme en un lugar público y rodeada de gente, pero de nuevo volvía a darme cuenta de la situación. Me impaciente y me levanté enseguida para tomar asiento, esta vez si acerté y lo hice en el asiento que debía. Él se dirigió hacia mi y me dijó:

–En cuanto vuelva la luz, ¿Si te parece quedamos?
–¡Ni hablar! Esto se queda aquí. Además tengo una cita con alguien que voy a conocer-.

Aquello había sido un calentón, pero no me apetecía para nada dar de lado a aquella cita que había mantenido durante un tiempo, a través del chat. Una aventura, un atrevimiento lo puede tener cualquiera ¿Verdad?